Mi deseo por un mejor Año Nuevo
Todos nos deseamos feliz año nuevo y no sabemos por qué lo hacemos ni qué realmente queremos para los demás. Es una frase que se ha hecho común decir y que hacemos automáticamente porque no pensamos en lo que significa.
Es que para todos, pasar de un año a otro, es como encontrar un tesoro perdido del cual tenemos que abarcar millones de kilómetros para dar con su existencia. Nos parece que cada año que pasa ha sido bueno o malo, de acuerdo a cómo nos ha ido; pero que no estamos seguros del mismo porque siempre deseamos que el próximo sea mejor.
Entonces, quisiera pensar que deberíamos hacer un análisis exhaustivo para encontrar el camino de lo que hicimos, dejamos de hacer, deseamos fervientemente y dejamos de tener en el año que se fue. Siempre que comienza un año nuevo hacemos votos para que Dios, ese niño que acaba de nacer, nos guíe en los deseos para el próximo año. Pero qué sucede, que las promesas que hicimos el año anterior, no las cumplimos; ni siquiera nos acercamos a dar de nosotros para que los demás recibieran algo que estuviéramos dispuestos a ofrecer.
En realidad, somos una sarta de hipócritas que solo prometemos y no cumplimos; pero deseamos para el próximo año, lo que no nos merecemos. Lamentablemente, esa es la realidad y continuamos golpeándonos el pecho por mea culpa, sin encontrar lo que nos satisfaga con una realidad que nos apabulla.
No es que el 2012 haya sido malo para mí; es solo que, de lo que he vivido, quisiera que se dispusiera en situaciones mejores para sentir la satisfacción del deber cumplido.
Tengo que pensar si he cumplido con obligaciones sociales que llenen de satisfacción mi ser. ¿A cuántos he ayudado para que vivan mejor, para hacer más llevadera la vida de esos seres? ¿A cuántos he enseñado lo que Dios me ha permitido aprender para que sus vidas sean llevaderas y los valores que haya conocido, haya sido capaz de compartir con los demás?
A veces miro hacia atrás y siento poca satisfacción en lo que he hecho o he logrado.
No sé si será porque no siento el deber cumplido o porque me parece que debí dar más de mí ante situaciones presentes. ¿Di suficiente ayuda económica a niños desamparados o a personas necesitadas y que, si Dios me dio algo era para compartir con ellos? Analicemos nuestras actuaciones de lo que hemos hecho el año que se va para ver si realmente estamos contentos o si, en nuestra conciencia, que es la que nos guía, pensamos que debimos haber ofrecido lo que estaba a nuestro alcance. Lo que la vida nos da es para compartirlo, para pensar que no debemos guardarlo para nosotros sino que somos parte de una sociedad en la que vivimos y de la cual somos solo un átomo a la intemperie.
Antes de pedir para que el 2013 nos sea beneficioso, pensemos si lo merecemos o, si en nuestra conciencia estamos dispuestos a mejorar lo que hicimos el año anterior. Para mí, el año 2012 fue bonito en muchas cosas. Sería injusta si no reconociera lo bueno que Dios me dio, porque tuve más de lo que merecía. Lo digo sinceramente. Por eso doy gracias a ese ser hermoso todos los días por lo que me da a mí y a mi familia.
Pero también estoy segura de que fallé en algunas cosas que me he propuesto enmendar este próximo año. Personalmente, el 13 es un número de suerte. Por esto, durante los últimos días del año que se fue, deseaba que se pasaran rápido para alcanzar mi verdadera suerte.
Mi horóscopo es positivo porque soy acuariana, el mejor signo del zodíaco y estoy feliz de haber nacido en febrero. Así es que, este elemento, junto al 13, me llenará de optimismo, de positivismo para ser la mujer más feliz de la vida y poder ofrecer esa felicidad a los míos y a los que me rodean y me necesitan.
Médica.