Mi hija, fuente de educación
Según algunos de los más recientes postulados científicos, vivimos en un universo que se encuentra en una continua expansión. Estos no solo se refieren a una expansión cósmica (planetas, estrellas y galaxias alejándose cada vez más entre sí), sino también a una expansión de la materia, del tiempo y de la conciencia. Este argumento se puede usar para explicar por qué en nuestro planeta, las especies han ido evolucionando en conciencia y, en específico, por qué nuestra especie se encuentra en un continuo crecimiento.
En las palabras del Dr. Carl Sagan: "Somos una manera en la que el cosmos se conoce a sí mismo". La forma de expansión de nuestra especie, al igual que la de muchas otras, es a través de la reproducción sexual. Esto nos lleva a dos temas de suma importancia para el desarrollo humano: la maternidad y la paternidad. Si deseamos reproducirnos de manera consciente, es importante asumir esta responsabilidad de ser madres y padres para proveer a los hijos un ambiente familiar que promueva la educación más importante: la educación sobre nosotros mismos.
El sistema educativo de la sociedad actual tiene como función preparar al individuo de forma técnica para que este pueda aportar de alguna forma económica a la comunidad. Sin embargo, este tipo de educación no incluye temas de suma importancia, como el descubrimiento de quiénes somos, para qué vinimos a este mundo y cuál es nuestra vocación de servicio. Es por ello que, al menos por ahora, la familia quiere asumir la enseñanza de estos temas en el hogar. Hace apenas unos meses, mi esposo y yo fuimos bendecidos con la llegada de nuestra hija.
Se dice en algunos círculos que los hijos eligen a los padres antes de nacer. También se dice que los hijos son grandes maestros para los padres. Si esto es cierto, entonces los padres queremos estar lo mejor preparados para esta gran jornada de mutuo aprendizaje. Desde entonces, mi esposo y yo, hemos decidido continuar nuestra propia educación para complementar lo que nuestras familias de origen no supieron cubrir y de alguna forma comenzar a reducir este vacío educativo generacional que existe.
Ahora, mi esposo y yo entendemos mejor la influencia que tienen los valores maternos y paternos para fomentar, de la mejor manera posible, que nuestra hija desarrolle sus talentos y confianza en sí misma. También entendemos mejor cómo ir educando a nuestra hija durante las diferentes etapas de su crecimiento. Por ejemplo, qué podemos hacer durante esta época de su infancia inicial, cómo prepararla para su niñez avanzada y, posteriormente, saber apoyarla durante la etapa de mayor crisis en el crecimiento humano, la adolescencia, que ?como la misma palabra lo indica? es un período de adolecer. De esta etapa, los hijos bien educados pueden salir como individuos plenos, habiendo descubierto su propia identidad, su vocación y preparados para iniciar la vida adulta y contribuir con los demás.
No somos perfectos, cometeremos errores y hay mucho por aprender. Aun así, exhortamos a todos los padres y madres a que asuman el reto de su propia educación para convertirse en mejores maestros que puedan educar a sus hijos, con la humildad para reconocer que ellos también son nuestros maestros.