A mí nadie me preguntó
A pesar de que las decisiones tomadas por el gobierno nacional en San Félix parecen ser acertadas, dado que es fundamental preservar un ambiente de negocios e inversión lo más sano posible, han dejado algo de sabor amargo para aquellos que creemos que dichas decisiones deben responder al querer de las mayorías y en apoyo a mantener un desarrollo sostenido del país. Se argumenta que las encuestas (?) indican que casi un 75% de la población está en contra de la minería, no obstante que este no era el tema en discusión, muchos no fuimos consultados al respecto. La discusión se desvirtuó, involucrando a los grupos indígenas de la comarca Ngäbe Buglé, quienes actuaron sin la suficiente información y argumentos veraces y comprobados, dado el grado de desinformación que se generó por parte grupos con intereses muy particulares, que no consideran una oposición al gobierno de forma constructiva y propositiva, para promover el fracaso de su gestión, sin tomar en cuenta el daño que se hace a toda la sociedad que conforma la nación.
Para los que analizamos los aspectos de desarrollo económico de los países, para lo cual es fundamental estructurar una economía que contenga suficiente diversificación en sus fuentes de ingreso y distribución, capaz de sobrevivir a los vaivenes económicos de un mundo globalizado, es difícil aceptar que en un país como Panamá, que se encuentra en la antesala del primer mundo, se organicen acciones de presiones grupales, que puedan llevarnos de regreso en el camino hacia un primer mundo, dando al traste con los esfuerzos de desarrollo realizados en los últimos años. Hoy tenemos un Canal que constituye una fuente de ingreso extraordinaria, un sector de turismo en crecimiento y sectores económicos en desarrollo. En esta estructura económica, no se debe dejar a un lado los recursos naturales, que pueden constituir en estos momentos otro pilar económico comparable al Canal de Panamá.
Lo triste de todo esto es que los grupos indígenas empujados a protestar, no se dan cuenta que negándose sus oportunidades se están condenando a la pobreza y miseria permanente. Se escuchan voces que pretenden no se exploten los recursos hidroeléctricos en el país. Aceptar eso sería condenarnos a un retroceso caracterizado por un nivel de desarrollo limitado por falta de energía para las actividades fomentadas por la inversión nacional y extranjera, que de seguro buscarían otros lares donde poder realizar sus proyectos. Creo que es el momento para que aquellos que queremos progreso, nos organicemos para protestar y asegurar que nuestras opiniones cuenten. Nadie le ha preguntado a los ciudadanos preocupados por el bienestar nacional si quieren o no minería responsable y las hidroeléctricas, en cualquier parte del territorio nacional que es de todos. No podemos dejar fracasar un proyecto de desarrollo que ha sido ponderado internacionalmente como bueno, el cual mueve el interés de la inversión internacional para apoyarlo. Sería un acto de lesa patria dejar que eso sucediera.
