default

A mi padre

Por: Redacción 20/06/2015

Hoy, víspera del Día del Padre, me gustaría dedicarle algunos pensamientos a un hombre sencillo: mi padre. No lo hago por cumplir con los dictados de las convenciones sociales, ni por estar a tono con una fecha del calendario.

Mis porqués no se sustentan en básicas cuestiones de merecimiento o compromiso, me permito padre, regalarle estas palabras —a punto de convertirse en promesas de silencio— por haber llenado con poquitos un espacio condenado al enojo y la melancolía, por restaurar las noches para obsequiarme los días y por zurcir afectos para multiplicarme el amor.

 Gracias a usted, supe que, pese a que teníamos una esquina solitaria en el corazón, también poseíamos otros espacios fecundos.

Hoy, contemplando nuestras vidas transcurridas, nos conmueven vivencias saturadas con nostalgias de nuestras infancias.

A ti, padre, a quien seguramente por escuchar tu nombre nunca logramos llamarles papá, lo cierto que aunque lejos siempre me has hecho falta, lo recuerdo con cariño y me siento orgullosa de usted.

No tengo palabras para expresar la felicidad que siento dentro de mi alma, espíritu y corazón por este momento, son sentimientos inexplicables que me recorren por todo el cuerpo.

Dentro de mis recuerdos está el pueblo de Capira, nuestro viaje a Pacora, donde vivimos por algunos años, el cruce del río a caballo, disfruté esos momentos por lo que hoy los escribo en estas páginas.

Padre, su ausencia nos hizo comprender que con trabajo y esfuerzo se logra ser mujeres y hombres de bien y aunque los años han transcurrido y aunque usted esté lejos de casa, hoy en el Día del Padre y reencuentro con sus hijos, debe saber que lo queremos, pues el amor de un padre no lo rompe el tiempo, la distancia o los sinsabores que nos deja la vida.

Padre, el transcurso del tiempo nos hace madurar, usted con sus manías, su carácter contradictorio, su esencia y sus años y nosotros con los nuestros, lo cierto es que su ausencia la he sentido y sufrido, lo extrañamos y nos alegra este reencuentro, como sus hijos que somos, nos sentimos privilegiados por la oportunidad que Dios nos da de demostrarnos que el cariño sigue vivo en nuestras almas, pensamientos y corazón.

Hoy, padre, atesoramos estas vivencias como la huella imborrable del cariño y afecto que sus hijos le demostramos, lo queremos. El verdadero sentimiento no permite el rencor, el odio ni la amargura, 

Padre, recuerde que solo la fraternidad del afecto de un padre por sus hijos permite la felicidad.

Que hoy sea el momento propicio para que hijo y padre limen asperezas, despierte un corazón nuevo, en el que brille la luz de dicha y felicidad.

¡Feliz Día del padre!

Edición Impresa

Viernes 31 de julio de 2026

Más leídas