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Mi próximo presidente de la República

Por: Redacción 02/01/2014

Guillermo A. Ruiz Q. (opinion@epasa.com) / Ingeniero y analista político

Siempre me ha dado vueltas en la cabeza la idea de que algún día voy a ayudar a elegir un presidente de la República. Pero muy cercano. Que haya discutido conmigo la idea y que además yo tenga muy claro las verdaderas razones de semejante decisión.

Y me quiero detener en este detalle, ya que para este 2014 tendremos nuevo presidente y muchos quieren ese puesto. No estoy seguro de las verdaderas intenciones de ninguno de los actuales candidatos. Me parece poco serio que sea el día de hoy y los que tienen plan de gobierno listo, solo hayan explicado generalidades que cualquier consultor político que se respete tiene en su computadora listos solo para tropicalizarlos. Ni hablar de los que aún esperan la alineación de los planetas para presentar los suyos. Con menos de 20 semanas para las elecciones, es imperdonable que no sepamos con detalle cuáles son sus intenciones y motivaciones reales.

Por eso, el día que yo logre el objetivo arriba expuesto, las prioridades y proyectos de esta persona serían claros:

1. La educación. Los colegios en Panamá tienen un problema de infraestructura grave. Un colegio a veces son dos y hasta tres. Esa es la razón por la que existe el turno matutino y el vespertino. El primer día de gobierno se convocaría la licitación de terrenos y edificaciones para colegios primarios y secundarios en la misma comunidad donde hoy se labora en dos turnos. Esos colegios deben tener todas las facilidades para que se puedan hacer actividades extracurriculares en horas de la tarde, luego de extender los turnos y que sean iguales a los colegios privados. Basta de abusar del pueblo con colegios privados brujos.

2. El tráfico.Hay que reconocer que el reordenamiento vial de este gobierno, complementado con lo hecho con los gobiernos de Pérez Balladares y Torrijos, han ayudado a mejorar la circulación en la ciudad de Panamá, Colón, La Chorrera y la Panamericana. Esta última, la carretera hacia Darién, la carretera a Bocas del Toro, a Guna Yala y a Puerto Armuelles deben ser de, al menos, cuatro carriles. Nuestra infraestructura en carreteras nacionales no puede ser del siglo pasado. Ese es un salto de calidad impostergable para acercar el país.

3. La justicia. Así como hizo Bill Clinton cuando asumió su primera presidencia, creo que es el momento de que el Ejecutivo convoque a todos los que realmente estén involucrados en el tema de la justicia. Empresarios, abogados agremiados, políticos y verdaderos especialistas internacionales asesores, debemos buscar el mejor sistema para la justicia de nuestro país. No puede ser que nuestro sistema de justicia esté cuestionado un día sí y otro también. La seguridad jurídica puede convertirse en nuestro talón de Aquiles con respecto a los inversionistas que aún necesitamos en nuestro país. No todo puede ser inversiones en la ciudad. Hay que buscar más inversión extranjera para nuestro interior y eso solo se va a lograr cuando las reglas estén realmente claras.

4. La canasta básica. De verdad, no puede ser que en un país como Panamá no podamos producir lo que consumimos. Subir el salario mínimo es la solución menos útil y genera un ciclo inflacionario que cualquier estudiante de economía de primer curso puede explicar. Exponenciar el agro, construir la infraestructura de transporte para el traslado de productos, reconstruir las entidades financieras estatales que se encargan de los préstamos blandos a los productores locales. Y, por supuesto, revisar las leyes que protegen de impuestos a todas esas actividades relacionadas con el desarrollo productivo alimentario del país, que están en manos extranjeras y que se hicieron en su momento para fomentar al productor local. Leche, carne en pie, etc.

5. El papel del Órgano Legislativo. Hay que encontrar una forma de que nuestro Órgano Legislativo realmente sea un contrapeso como lo exige nuestra Carta Magna. Y la única forma es que el Ejecutivo disuelva esas instituciones creadas para fomentar el populismo y el clientelismo político. De igual forma, la descentralización municipal debe poner en su sitio a los que creen que regalando cosas se puede lograr el voto de la población, más allá de la verdadera naturaleza del cargo de elección. Si nuestros diputados comienzan su trabajo el primer día pensando en la reelección basada en “trabajos comunitarios” y no en la construcción de leyes que beneficien al país, nuestra Asamblea Nacional pronto será percibida como un sitio inútil e innecesario, caldo de cultivo para esos que siempre aprovechan las coyunturas para enredar a los pueblos.

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Lunes 10 de agosto de 2026