default

Mis recuerdos del general Omar Torrijos


Ramiro Guerra Morales (opinion@epasa.com) / Abogado

La primera vez que tuve contacto visual con el general Omar Torrijos, cursaba el nivel secundario en mi querido Puerto Armuelles, provincia de Chiriquí, en un colegio público que surgió por iniciativa de valerosos porteños; si la memoria no me traiciona, pujante fue el esfuerzo de Manuel Fernández, hermano de la profesora y escritora Joaquina Pereira de Padilla y de otros, como el periodista Miguel Miralles, y por supuesto, el sindicato de la bananera, que en el distrito de Barú constituía un factor decisorio de poder.

Recuerdo que en uno de esos patrullajes que solía hacer el general por los centros educativos del país fue a parar a nuestro colegio, y dirigiéndose a la masa estudiantil, la invitó a que se hiciera parte del nuevo proceso político liderado por él y, en consecuencia, ordenó al Consejo Municipal que reservara nuevas bancas para dos nuevos miembros, elegidos por los estudiantes. En efecto, se hizo y en adelante los compañeros Paulino Rodríguez (Juancho) y Nariño Guerra participaron en las sesiones como concejales.

La segunda vez que lo tuve cerca fue en el parque de Puerto Armuelles, cuando se dirigió a la masa obrera para anunciarle el fin del Código de Trabajo de 1947 y el inicio de un proceso reformador que apuntaría hacia una legislación laboral moderna y tutelar de los derechos de los trabajadores. La tercera vez, como estudiante de Derecho de la Universidad Nacional y militante del Centro de Estudiantes de Derecho, por mediación del abogado Tito Morales (hoy fallecido), viajamos al acto de apertura de la carretera hacia Puerto Armuelles-Progreso. Recuerdo que la reunión se hizo en la casa sindical y allí los dirigentes del CED nos enfrascamos en un debate con Gerardo González sobre el proceso revolucionario. En esos tiempos, la izquierda radical, de la cual éramos parte, le endilgamos el mote de reformista al gobierno de Torrijos. Allí el general le imprecó a algunos de sus acompañantes: “Dejen hablar a los dirigentes, hay que escucharlos”, eso nos los hizo saber años después Ñan Castillo.

Cuando el debate en torno a la negociación y los posibles tratados por ratificar, se organizó una reunión en el paraninfo universitario, el rector era Rómulo Escobar y Torrijos había sido invitado. De parte nuestra, se daba como un hecho que el general no asistiría. No fue así, llegó y estuvo atento a los discursos de los oradores. Recuerdo a Graciela Dixon llevar la voz cantante de los que cuestionábamos los resultados de las negociaciones con los Estados Unidos por su carácter muy moderado.

Como en otras ocasiones, Torrijos escuchaba atentamente. Después, por boca de Rómulo Escobar, escuchamos que el líder había dado la orden de que todos los medios de comunicación estuvieran abiertos a la oposición estudiantil revolucionaria y, con mucha astucia, supo Torrijos aprovechar nuestro radicalismo para persuadir a los negociadores americanos que tenían que ceder en su dureza en cuanto a nuestras reivindicaciones históricas. A Torrijos le gustaba escuchar a los de abajo, sin descuidar a los de arriba. Por aquella época, un compañero nuestro nos dijo que la presencia del general en Playa Chiquita fue un acto de humildad; llegó al cuartito de una vieja conocida y le dijo: “De aquí no me voy hasta que me prepare una de esas comidas afro que sabe hacer”. Ese día, el cuartito mencionado fue la oficina de Omar.

Cómo olvidar cuando en sus patrullajes por el campo lo agarraba la noche y decidía pernoctar allá hasta el día siguiente. Me contaba un dirigente campesino, de nombre Alabarca, que la tertulia con los campesinos lo sorprendía con un café bien calientito, cuando el sol iniciaba su aparición. Leyendo al poeta José Franco, me di cuenta de que Torrijos era humanista por excelencia y tenía en gran estima a los poetas y escritores. Era consciente del valor de estos intelectuales y su papel de agentes de cambio. Me decía el poeta Franco que Torrijos ordenó publicar por miles su poema “Panamá defendida”. Le gustaba leer a otro grande como lo fue Joaquín Beleño y beber de los estudios de esa gran antropóloga, la Dra. Reina Torres de Araúz.

La obra cumbre de su liderazgo fue conducir el proceso de liberación anticolonial sustentado en alianza nacional mayoritaria. Panamá, lo que es hoy, se conecta con esa gran jornada de recuperar nuestro Canal y la salida de las tropas extranjeras del territorio nacional.

Edición Impresa

Viernes 14 de agosto de 2026