Miserables de la fe
Somos miserables de la fe? Dicho en un lenguaje más suave: en nombre de Dios ?o como le quieran llamar? hemos querido colonizar la mente de los demás con alguna posición visceral de lo que creemos como verdad absoluta.
Jamás he podido olvidar aquella tertulia en la que una conocida se ha atrevido a decirme que los miembros de su iglesia serán los únicos salvados por Dios. En ese momento, mi respuesta fue tan tajante como mi posición actual: no creo que Dios sea tan miserable para encerrar su misericordia y su salvación en las cuatro paredes de una sola denominación religiosa. Yo creo que su misericordia y su plan de salvación rebasan todos los límites religiosos, que en muchas ocasiones no logran entender nuestras mentes tan cortas?
¿Cuántos no hemos escuchado a líderes religiosos decir que hay que dar y diezmar para que Dios nos multiplique? ¡Qué asco me da cuando escucho eso! Venga de donde venga, es lo que llamo una fe de trueque: yo le doy a Dios para que él me dé algo a cambio? ¡Qué fácil se nos olvida que la mayor satisfacción de dar es no esperar nada a cambio!
¿Cuántos no hemos dicho que "Dios lo quiso así"? ¿Cómo podemos tener la certeza de decir a la ligera que todo lo que ocurre en nuestras vidas es porque Dios lo quiso así?
¿Será que la imagen que nos hemos formado de Dios es de un padre que impone todo lo que quiere para sus hijos sin respetar la libertad de decidir por ellos mismos? ¿Se nos olvida que nos ha dejado en un libre albedrío para tomar las decisiones de nuestras vidas y asumir las consecuencias de las mismas? ¿Será que Dios castigará a los que fumamos con un cáncer de pulmón o será que un cáncer de pulmón es la consecuencia de mi decisión de seguir fumando aun cuando yo sabía lo que me desencadenaría?
"¡Yo hablo en lenguas!", me dijo aquel conocido asumiendo la posición de alarde del pavo que abre sus alas para que todo el mundo las vea. Le he respondido: "Y a mí qué me importa si hablas en lenguas si tu vida familiar es un desastre. Tratas de la patada a tu esposa, a tus hijos y a tus compañeros de trabajo".
¿Cuántos no hemos dicho que hemos sentido el fuego del espíritu en aquella parroquia o en aquel concilio o en aquella viña? Ajá, es muy bonito sentirlo, sin embargo, es miserable la fe que se queda enmarcada en los sentimientos y la emoción que sentimos dentro de las cuatro paredes de un templo.
La fe es un compromiso de vida que no se puede quedar en lo que sentimos; tiene que salir de esa zona de confort y tenemos que vivirla plenamente en los ambientes en los que nos desenvolvemos a diario: familia, barrio, trabajo, escuela, país?
Si lo que sentimos dentro de nuestros templos no moldea nuestra forma de ser y de tratar a los demás, somos unos miserables de la fe. ¿Cómo podemos decir que amamos a Dios ?a quien no vemos? si no somos capaces de amar y de dar un buen trato ?humano? a los que nos rodean y vemos a diario? ¿Por qué no somos capaces de ver a los demás como templos vivos de Dios, independientemente del grado o tipo de fe que profesan? ¿Por qué lo que sentimos dentro de los templos nos hace sentirnos con autoridad para juzgar y condenar a los que nunca van o no asisten con frecuencia? Porque somos unos miserables de la fe?
Cuando en nuestras prédicas asumimos la posición de ataque a otros credos religiosos [o al ateísmo], es porque ni siquiera estamos seguros de lo que creemos. Eso es como aquel hombre que para conquistar a una mujer tiene que recurrir a hablar mal del otro que la pretende porque no se siente seguro ni cree que sus argumentos sean suficientemente convincentes para conquistar?
Que nuestra prédica no se centre en el querer colonizar la mente de los demás irrespetando sus creencias [sean cuáles sean], sino que se centre en nuestra capacidad de amar rebasando los límites religiosos, sociales, políticos, económicos y culturales.
Que la prédica de nuestra fe no se centre en el blablablá, sino en el actuar y en el amar.
Por dicha, para la miseria de nuestra fe, existe un remedio: la misericordia de Dios. De ahí viene la palabra misericordia: Dios ha bajado hasta nuestra miseria humana y ha puesto su corazón en nuestra miseria?
Periodista y comunicador