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Misión de los fiscales y jueces


En una entrevista que me hiciera un canal de TV sobre las funciones de un fiscal, en particular, entre otras cosas señalé que: “Un fiscal que no investiga no hace nada en el cargo”. Posteriormente, ese segmento de la entrevista en particular, formó parte de la presentación o formato que hace el noticiario de dicho canal. Pues bien, grande ha sido mi impresión al encontrarme en las calles de este país, en la ciudad y en el interior, a un sinnúmero de personas que me abordan y me expresan: Usted tiene razón, si un fiscal no investiga no hace nada en el puesto. Y a renglón seguido pasan a detallarme sus causas y razones.

No puedo obviar, desde luego, que para la cantidad de casos que ingresan al torrente del ministerio Público, hay pocos fiscales y poco personal en los despachos de investigación criminal, pero tampoco puedo, de ninguna manera, por esa justificante que funcionará para otras circunstancias, dejar de señalar que hay una acentuada inactividad en no pocos personeros y fiscales que lejos de realizar una auténtica investigación, se dejan llevar por “la primera impresión” que tienen del caso, o se prejuician o, simple y sencillamente, se echan de brazos.

Resultado de esta bulimia investigativa, terminan con un expediente hueco y apartado de hechos reales, carente de veracidad. Los jueces no pierden de vista esta carencia judicial y no les queda otra alternativa que dictaminar o sentenciar libertades o absoluciones. No se trata, esto deben entenderlo los fiscales, jueces y cuantos tengan que ver con el sistema de justicia penal, de presentarle a la sociedad culpables y “quedar bien de este manera”, o para que la “sociedad se tranquilice” o porque “hay que detener a alguien”, y lejos de la veracidad o de la certeza positiva que debe arrojar una investigación, nos vamos apartando de las garantías constitucionales y legales , en desmedro del Estado de derecho que debe dar muestras evidentes de apego a la legalidad penal y procesal. Un sistema de justicia penal que no es capaz de garantir un concierto de garantías y de defensas apegadas al debido proceso, termina dando testimonio de sus propias falencias.

Al final, la sociedad es la que sufre y padece las inconsecuencias de un poder, llámese investigativo o judicial, frustrante y que colapsa merced a las propias contradicciones internas y a la falta de civismo. Se requiere de fiscales, no de hierro, tampoco de arena, sino simplemente fiscales que sean humanos y competentes, hombres y mujeres que se matrimonien con la objetividad, la independencia de criterios y un profundo altruismo de servir a la justicia.