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Mitigando los efectos del agua


Las inundaciones que han afectado al país en los últimos tiempos obligan no sólo a actuar frente a la emergencia para acercar solidaridad a los afectados, sino también a reflexionar sobre cuáles son las causas y cómo se puede, en los meses secos, preparar el territorio nacional para mitigar los efectos del agua.

La aparición de una catástrofe natural (terremoto, inundación o deslizamiento) es, en términos generales, impredecible. Nadie puede dimensionar a priori el volumen de una lluvia desmedida o imaginar que el caudal del Mataznillo puede alcanzar un nivel equivalente a la mitad de lo que descarga el Río Grande en Coclé. Lo que no es impredecible son las consecuencias y la magnitud de un desastre cuando impacta en la sociedad.

Los desastres naturales no son fatalidades del destino. Son producto del cruce de variables físicas con realidades sociales y ambientales. Estas, en general, potencian el efecto social de un evento de origen natural. Como afirma el libro Desastres Naturales y Sociedad en América Latina, un desastre es la expresión social del impacto de un evento natural.

Las inundaciones en Panamá no son nuevas. Y por más que la corriente de El Niño las haya amplificado, no pueden atribuirse sólo a este fenómeno. Quien así lo haga está sugiriendo que hasta la próxima aparición de El Niño sólo nos quedaría rezar para que sus consecuencias sean lo menos nefastas posible.

Cuando en el año 2010 el presidente Ricardo Martinelli recorrió la zona de Boquete afectada por las inundaciones del río Caldera, anunció fuertes inversiones en un programa de rehabilitación por las emergencias de las inundaciones. Entre las obras realizadas se incluyen defensas, drenajes y construcción de infraestructura vial de saneamiento. Estas obras permitieron mitigar los efectos negativos de las inundaciones posteriores y en la actualidad están siendo ampliadas por programas que alcanzarán más de 62 millones de dólares en los próximos años. Aunque de ningún modo puede considerarse superado el problema de las inundaciones, debemos ya comenzar a planificar la reconstrucción a través de un análisis desapasionado de los éxitos y fracasos de lo ya realizado, así como sus causas.

Es mucho lo que a veces hace el hombre para agravar las consecuencias de lluvias o caudales inesperados. El encause original de quebradas y riachuelos dentro de la ciudad capital era una anticipación a las posibles crecidas del Mataznillo. La expansión posterior de la ciudad, sin planificación alguna, llevó principalmente a los grupos de menores ingresos a asentarse en zonas que literalmente pertenecen al lecho de ríos como Matías Hernández, Juan Díaz y Tocúmen, los tres ampliamente conocidos por su capacidad a desbordarse. Algo muy distinto al caso de la ciudad de Penonomé, la cual se diseñó para defenderse de las crecidas del Zaratí.

Existen lugares en Panamá donde llueve implacablemente y se inundan debido al agua que llega de ríos aledaños. Y aunque se han hecho inversiones en drenajes y diques, el agua sigue su curso. Por ejemplo, en el límite entre Punta Pacífica y Punta Paitilla, existe una calle que originalmente en los planos debía servir como un dique perfecto para las aguas corrieran rumbo a su desagüe natural, el mar. Pero los despropósitos de la relación entre la sociedad y su entorno natural son más y todos hemos visto en la forma en que han quedado evidenciados.

Con esfuerzo e inversión, los pueblos de interior y las demás ciudades del país tratan de defenderse de los fenómenos naturales. Para ello, cuentan con una fuerte ayuda del Gobierno de turno. Pero estos esfuerzos deben estar coordinados y orientados a reproducir el funcionamiento del ecosistema natural. Por ejemplo, debe dejarse a un lado la política de realización de obras aisladas. Las obras que sean necesarias para preparar a las áreas vulnerables deben estar enmarcadas en un criterio de respeto por la dinámica natural de las cuencas. Ese es el objetivo de una política hídrica responsable. Por eso es vital coordinar la realización de muchas obras bien estudiadas, obras que -como la urgencia lo exige- deben comenzar ya mismo, como las de la limpieza y ensanche de los ríos bajos y la suspensión de construcciones invasivas que impermeabilizan el subsuelo panameño.

Empresario.