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¡Mito, Religión, Lenguaje!


Tradición y renovación obran en sentido opuesto, produciéndose un conflicto, cuyo resultado señala una etapa en el desenvolvimiento de cada pueblo. Los bienes culturales tienden, por un lado, a estabilizarse; por otro, son objeto de una eterna evolución. El hecho educativo, como asimilación de formas de vida cultural, es testimonio y signo de ello. Todos los territorios culturales ofrecen esta lucha; pero no en todos ellos predomina de igual manera, ora el factor que renueva, ora el factor que estabiliza.

En el mito y en la religión, pero más en el primero, se advierte un predominio de la tendencia a la estabilización. Mito y religión son, en efecto, los hechos culturales más conservadores. Lo característico del mito es la narración fabulosa a la cual se atribuye, más por motivos sentimentales que ideológicos, la fuerza o “causa” de hechos reales. La mitificación, forma colectiva de existencia, se petrifica en sus creencias. Vinculada al mito está la religión primitiva. Lo religioso es, por esencia, lo permanente, y lo es, entre otros hechos, por tener un origen inmemorial, fuente culta, enigmática, pero todopoderosa.

En ellos se fundan los ritos, tan rígidos e inviolables, que orientan la vida: ésta, en efecto, discurre en un círculo angosto de consagraciones, observancias, tabúes. Pero esta representación es el impacto que inicia la superación de la etapa mítica y que, andando el tiempo, habrá de promover, bien que a ritmo lento, ciertas mudanzas en la concepción del mundo de la comunidad. En estos cambios las personalidades sobresalientes, cuando existen, señalan el camino. Así, suele quebrantarse el tradicionalismo rígido del mito y de la religión primitiva.

El lenguaje constituye otra forma cultural conservadora. Sin el carácter de estabilidad, el lenguaje no podría propiciar y aun asegurar la comunicación interhumana. Si mito y religión vinculan a los hombres con fines trascendentes, el lenguaje los vincula en un diálogo terreno. El propio mito ha menester del lenguaje. El lenguaje es la más alta creación del hombre para el hombre. Y es, además, un factor poderosísimo de aglutinación social. Entre los bienes culturales legados por España, acaso el idioma ha sido el más decisivo en la formación de los pueblos americanos. De manera pausada, lenta, pero continua evoluciona el lenguaje. Dos hechos, uno habitual, consuetudinario, otro accidental y azaroso, promueven ese cambio.

Al asimilarse el lenguaje, niños y jóvenes asumen una actitud activa; la cual, a veces, acarrea consigo nuevos vocablos y nuevas formas de expresión. El lenguaje recorre, empero, nuevos derroteros cuando aparecen en la historia grandes hombres de letras. Se producen, entonces, las invenciones lingüísticas que, tras cierto tiempo, se propagan en la comunidad. De estas personalidades emana lo nuevo; así, de un Cervantes, de un Alarcón, de un Andrés Bello. ¡Panamá: Nuestro Homenaje Patriótico!