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Mito y utopía de los independientes

Por: Redacción 25/01/2015

Los resultados de las elecciones generales de mayo demostraron que los independientes tienen frágil cabida en la estructura electoral de Panamá. La independencia política es un mito construido por las fantasmagorías de los legisladores. Una utopía forjada por una visión idealista de la democracia representativa panameña. Pero el sistema político abre distancias abismales entre los partidos y los independientes.

Los votantes no tienen otras opciones que introducir la papeleta en las nóminas de los candidatos de partidos porque su capacidad de libre determinación casi no toma en cuenta a unos candidatos a los que conocen solamente por fotografías divulgadas. Los candidatos independientes reciben subsidios de treinta centavos por cada adherente que hayan inscrito.

El Código Electoral tiene entre un setenta a ochenta por ciento del articulado dedicado a los partidos políticos. Esas normas definen el estatus jurídico de los partidos, los requisitos de su inscripción en el registro electoral, los derechos y deberes de las organizaciones partidistas.

La libre postulación se limita a candidatos a presidente y vicepresidente de la República. No existen candidatos independientes a otros cargos de representación popular.

Bajo esas circunstancias, las posibilidades de buen gobierno para un presidente independiente los llevan a concertaciones con partidos políticos. El jefe de estado de libre postulación sería un cautivo de los partidos. El Órgano Ejecutivo sería una ficción del poder, condenado a entenderse con diputados, alcaldes, representantes de corregimiento de los otros partidos.

La debilidad del poder independiente lleva inexorablemente al poder de los partidos. A menos que se reforme el Código Electoral para ampliar los espacios de los candidatos de libre postulación y se apruebe que pueden elegirse independientes para diputados, alcaldes y representante de corregimientos de una misma organización independiente, los partidos continuarán acaparando la gobernabilidad.

Debemos admitir que los partidos políticos constituyen la estructura fundamental del sistema democrático. Sin partidos no puede haber democracia, opinan expertos del sistema. Pero el quid del asunto está en que los partidos son maquinarias electoreras capturadas por oligarquías y élites de políticos profesionales cada vez más distanciadas de los intereses sociales de la comunidad panameña.

Las denuncias de corrupción, los pactos de gobernabilidad anudados en función de parcelas de poder partidista, la ausencia de los panameños más capacitados e idóneos para trabajar en la administración pública, el predominio de grupos de empresas del capitán financiero, el ejercicio del nepotismo político en ministerios, servicio diplomático, institutos autónomos son consecuencia directa de la incesante politización partidista del Estado, que se traduce cada cinco años.

La Constitución expresa, sin lugar a duda, que el poder público solo emana del pueblo. En realidad los partidos políticos monopolizan el poder público. El pueblo tiene una representación simbólica, puesto que solamente puede encauzar sus aspiraciones a través de los partidos, cada cinco años. No tiene dónde escoger. Los independientes no contaminados de los vicios históricos del régimen de partidos son los más y podrían enmendar el rumbo de la democracia panameña. Sin embargo, no podrán hacerlo mientras subsistan las características del sistema tejido para que predominen los partidos y minimicen a los independientes de libre postulación.

Panamá goza de una formidable reserva humana de graduados universitarios que no utiliza. Las universidades públicas y privadas gradúan, año tras año, centenares de ingenieros, médicos, abogados, agrónomos, economistas, administradores de empresas públicas que no podrán servir al Estado debido a que los políticos imponen una burocracia partidista. La República se niega a sí misma: financia la formación de nuevas generaciones de profesionales, pero una vez que les otorga los diplomas, los rechaza, vedándoles el acceso a los poderes públicos y organismos estatales. Una paradoja típica de las naciones del Tercer Mundo que Panamá poco hace por resolver.

Las deficiencias de los servicios públicos de agua potable y alcantarillado, energía, vivienda, seguridad no solamente se explican por limitaciones presupuestarias, sino por la carencia de profesionales de alta calidad. Los subsidios representan un recurso de escapismo, un subterfugio estatal para esconder la incompetencia del funcionariado público. La gente pobre que cierra los paños de las carreteras; piquetea frente a los edificios de los magisterios; marcha bajo el sol y la lluvia para expresar su descontento está acumulando frustraciones, desesperación, iracundia. Los sectores diversos de la sociedad civil demandan un estado de justicia y equidad social. Son las señales cada vez más evidentes del fracaso de los partidos políticos, a menos que reformulen sus metas, sus estatutos, sus principios.

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Miércoles 5 de agosto de 2026