Modelo económico: Ricos más ricos y pobres más pobres
Para los sectores económicos y políticos dominantes, pese a la lucha intestina que hoy desarrollan sus diversas facciones, el éxito de la economía panameña se debe medir por su rápido crecimiento, el cual alcanzó en 2012 un nivel de 10.7 por ciento, siendo esta la tasa más alta de expansión en la región de América Latina y el Caribe. Se trata de una forma de ver las cosas que, de manera interesada, olvida la creciente desigualdad que dicho proceso ha generado.
La idea de que los modelos neoliberales resultan ser concentrantes y excluyentes, es decir, que hacen a los ricos más ricos y a los pobres más pobres, tiene plena vigencia en nuestro país. Si, por ejemplo, desde una perspectiva cercana a las ideas de John Rawls, para quien los más pobres deberían tener la capacidad de satisfacer sus necesidades básicas, se puede observar no solo que para 2009 la parte del ingreso que le correspondió al 20 por ciento más pobre de la población fue apenas el 3.2 por ciento del total, si no que, además, esta proporción se redujo al 3.0 por ciento en el año 2011. En contraste, la participación del 20 por ciento más rico de la población se ha mantenido durante todo este tiempo en un elevadísimo nivel cercano al 56.0 por ciento. De acuerdo a la Cepal, se observa que para 2009 el ingreso por persona del 10 por ciento más rico de la población resultó ser 15.3 veces superior al de las personas que hacían parte del 40 por ciento de más bajos ingresos del país. En 2011 esta relación se había elevado hasta el 16.3 por ciento.
Si se utilizan indicadores más globales, tales como el conocido índice de Gini, el cual refleja la diferencia entre la forma existente de la distribución del ingreso y lo que sería una distribución perfectamente igualitaria, también se puede detectar la creciente desigualdad que genera el proceso económico panameño.
Es así que el coeficiente de concentración del ingreso de Gini pasó en el caso de la economía panameña de un valor de 0.523 en el año 2009 a otro de 0.531. Algo semejante, vale la pena anotar, ocurre con el coeficiente de concentración del ingreso de Theil, que en el periodo bajo análisis pasó de 97.8 a 105.1, así como con la varianza logarítmica, que para el mismo lapso temporal se elevó de 80.2 a 87.1.
Es útil, con el fin de descubrir el origen del fenómeno, destacar que la creciente falta de equidad es un fenómeno que afecta tanto al área urbana como al área rural del país. Utilizando datos de la Cepal se observa que para las primeras de estas áreas el coeficiente de concentración de Gini se elevó en el periodo 2009-2011 de 0.523 a 0.531, mientras que para la segunda el incremento fue de 0.506 a 0.527.
De acuerdo a un reciente artículo publicado en el diario bajo el título “Un crecimiento con desigualdad”, en el que se cita extensamente a oficiales locales del PNUD, se trata de señalar que el problema se debe a la baja productividad de una parte de la población panameña. Esta explicación, que vuelve a demostrar el carácter ideológico que no pocas veces tienen los planteamientos de este organismo, muestra una doble debilidad. En primer lugar entre 2009 y 2011 la productividad del trabajo se elevó en 14.3 por ciento, mientras que la concentración del ingreso, tal como hemos demostrado, se incrementó, en condiciones que el salario medio apenas creció en 2.6 por ciento durante este periodo. En segundo lugar, si bien es cierto que una buena parte de la población laboral se encuentra atrapada en sectores de baja productividad, lo cierto es que esto es un resultado estructural, producto de la propia lógica del modelo de crecimiento vigente. Más aún, los oficiales del PNUD deberían explicar cómo fue que la distribución del ingreso se hizo más concentrada mientras que, de acuerdo a la Cepal, que también es un organismo de las Naciones Unidas, el porcentaje de población atrapada en sectores de baja productividad se redujo, durante el periodo bajo análisis, del 35.0 por ciento al 31.5 por ciento del total.
Lo que no se deber ocultar es que la creciente concentración del ingreso también se debe a factores tales como el deterioro del sector agropecuario, la creciente especulación de los comerciantes, la sistemática pérdida de derechos laborales, la aplicación sesgada de la legislación laboral, la heterogeneidad estructural y la ubicua corrupción que corroe la acción pública. Se trata de taras que deben ser eliminadas. Este debe ser el compromiso del presente primero de mayo.