Modelo económico sin futuro
Una lectura imparcial de las cifras correspondientes a la economía panameña, tal como aparecen en el Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2010–2011 de la CEPAL, muestran que el crecimiento reciente de Panamá ha tenido su principal sustento en la elevación del gasto público, cuyo componente de capital creció durante el 2010 en 29.5%, mientras que el corriente lo hizo en 8.7%, permitiendo que en términos reales la inversión agregada se elevara en 9.8% y el consumo total en 8.5%. Esta situación, si bien puede mantener el dinamismo de la economía durante un corto plazo, no tiene la capacidad de hacerlo en el más largo. Estamos, desafortunadamente, frente a un modelo no sostenible, basado en el creciente endeudamiento externo, el cual alcanzó a 11,629 millones de balboas a finales del año pasado.
La evidencia de la insostenibilidad del actual modelo del Plan Vallarino se puede percibir destacando la falla en su principal supuesto, de acuerdo con el cual las exportaciones deberían ser el motor principal del crecimiento. Como lo sabe cualquier estudiante de un curso de introducción a la economía, pero no necesariamente el ministro de Economía, lo que importa aquí es el saldo entre las exportaciones, que representan una adición a la demanda efectiva agregada y las importaciones, que representan una sustracción de dicha demanda. Teniendo esto en cuenta se puede afirmar, utilizando datos de la CEPAL, que en términos netos, el comercio exterior de bienes y servicios en lugar de servir de apoyo al crecimiento local, representó en el 2010 un peso muerto equivalente al 2.0% del PIB. Si se tiene en cuenta la situación económica mundial, que amenaza, en el mejor de los casos, con mantener una situación prolongada de relativo estancamiento, resulta evidente que esta situación no tiene trazas de mejorar en el futuro próximo. La debilidad en la sostenibilidad del modelo queda más clara si, además, se tiene en cuenta que en los últimos cinco años el saldo corriente de la balanza de pagos ha alcanzado un total negativo equivalente a los 7,528 millones de balboas, de los cuales el 39.3% se observó en el 2010, mostrando la alta dependencia que tiene el modelo con respecto al ahorro externo y el adeudamiento nacional.
Por otra parte, la efectiva represión salarial que se observa en el país, basada en el componente especulativo de la inflación local que deteriora el nivel adquisitivo de la población trabajadora, ha significado que el consumo privado solo logró crecer en 6.0% durante el 2010 gracias al creciente endeudamiento de los hogares, el cual se reflejó en un crecimiento del crédito al consumo equivalente al 8.7%. Se trata, en este caso también, de un proceso que no resulta sostenible en el tiempo.
Nos encontramos, de acuerdo a lo anterior, frente a un modelo que si bien le permite enriquecerse a los especuladores y las empresas constructoras de los proyectos llave en mano, no representa ninguna ventaja para las grandes mayorías del país. Otra vez es claro que tenemos un ministro de clase.
