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Modelos o antitestimonios


Descubrir casos de corrupción en cualquier institución pública constituye de por sí un acto repudiable que merece la condena de la sociedad; pero cuando estas irregularidades ocurren en la primera casa de estudios, el hecho adquiere ribetes de suma gravedad. Todos esperamos que de la Universidad surjan ejemplos inspiradores de honestidad y de buena administración, porque en ella se forman los profesionales que pueden ofrecernos esperanzas de un futuro mejor. Es difícil que una institución de educación superior cuyas autoridades están siendo cuestionadas por licitaciones amañadas o robos de equipos, generen la credibilidad necesaria para liderar algún cambio social positivo y profundo. Hay que tener en cuenta que los universitarios deben mantener normas de conducta mucho más rígidas que cualquier otro funcionario, convirtiéndose en modelos de comportamiento que inspiren valores, y no en antitestimonios de lo que sus profesores predican en el salón de clases. No era esta la casa de estudios que soñaron las mentes de Harmodio Arias, Octavio Méndez Pereira, Ricardo J. Alfaro, Narciso Garay, José Dolores Moscote y otros pensadores en la época de su fundación. La historia nos recuerda que los primeros profesores de la Universidad Popular, precursora de la Universidad Nacional, no cobraban por sus servicios. Estas actitudes ganaron el prestigio que alcanzó la actual Universidad de Panamá.