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Modernidad y ciencias sociales

Por: Redacción 29/08/2014

Desde hace unas décadas, las ciencias sociales han experimentado, no solo en Panamá, sino en gran parte del mundo, una pérdida de legitimación académica y profesional, las cuales van desde el cierre de carreras relacionadas con estas disciplinas hasta la reducción ínfima del mercado laboral para estos especialistas.

Ahora bien, aunque es posible sostener varias proposiciones hipotéticas respecto a las causas de su inminente debacle, las cuales van desde la falta de conocimiento que existe respecto a la utilidad de estas ciencias y, el desconocimiento respecto al posible campo laboral de las mismas; hasta concepciones más institucionales, las cuales sostienen que el Estado debe crear más espacios para la absorción de estos profesionales y realizar un mayor esfuerzo para socializar estas disciplinas a nivel escolar y social. No obstante, aunque no se desestima, de ninguna manera, estas respuestas tentativas a la problemática de las ciencias sociales en el siglo XXI y, especialmente en el contexto panameño, no deben obviarse otros factores más macroscópicos como la tiranía tecnológica, el individualismo, la hiperrealidad de la existencia, el consumismo desmesurado y, sobre todo, el supuesto fin de la modernidad como premisa o perspectiva estructurante de la realidad social.

Aunque curioso para algunos entendidos y desentendidos en la temática, las ciencias sociales (no así las humanidades: historia, filosofía, etc.) nacen con y bajo el paradigma de la modernidad a finales del siglo XVIII; el cual, en términos muy llanos y simplistas, sostiene que el hombre es dueño de su destino y, por ende, es él el encargado de dirigir y construir su mundo. De esta manera, las ciencias sociales estaban llamadas a conocer, reformar y cambiar la vida de los hombres y mujeres en sociedad; generando condiciones estructurales más oportunas para el desarrollo de sus potenciales y, el progreso de la humanidad en general. Sin embargo, hasta el momento, estas disciplinas no han podido trasformar del todo la realidad existencial y sociológica de los seres humanos a nivel global; ya que aún persisten los mismos problemas sociales de antaño (delincuencia, desigualdad social, etc.). Por ende, la posmodernidad sostiene que el proyecto de la modernidad ha fracasado, ya que los hombres no son dueños completamente de su destino, sino que se encuentran interrelacionados en una intrincada y compleja maraña de relaciones y circunstancias ajenas a su voluntad, las cuales realmente definen y determinan sus posibilidades de acción y reacción.

En el mundo actual, aunque la idea modernista de empoderamiento humano no ha sucumbido del todo bajo la ambivalencia de estas ideas posmodernas y, a primeras luces, en Panamá, pudiera creerse que aún sostenemos como sociedad tal ideal moderno, ya que percibimos aspectos como las magnas edificaciones urbanas, la ultraprofesionalización tecnológica del componente humano y el continuo desarrollo económico del país como referentes a esta condición paradigmática; por otra parte, la continua desaparición de asignaturas escolares, carreras universitarias en ciencias sociales (y humanidades), estudiantes interesados en estas disciplinas, oportunidades en el mercado laboral para estos profesionales y, becas de investigación específicas para estudios relacionados con estas ciencias; sugiere a su vez que la debacle de las ciencias sociales en el Istmo es un síntoma del mismo ocaso de la modernidad.

De esta forma, y en términos nietzscheanos, lo que estamos percibiendo en la actualidad es una transmutación de los valores académicos, en los que la intelectualidad crítica y reflexiva distintiva de la modernidad está siendo desplazada o transmutada por el tecnicismo más obtuso y estéril. Así, ya nadie piensa o razona en cómo hacer las cosas o intervenir en los problemas de la realidad social, solo se buscan fórmulas legitimadas por los tecnócratas internacionales del momento. Bajo este escenario, la ciencias sociales caen irremediablemente en desuso y catalogadas erróneamente como metafísica y no como ciencia en sí.

Sin el ánimo de hacer apologías románticas o crear expectativas irracionales, debemos como sociedad seguir apostando por la modernidad y, por ende, por las ciencias sociales; no porque las mismas resolverán todas las problemáticas sociales que nos aquejan, sino porque son el único medio de explorar e incidir científicamente en estas últimas. Así, pensemos en la modernidad y sus ciencias sociales como herramientas intelectuales no para tecnologizar la vida, sino para cambiar y mejorar nuestra sociedad en general.

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Viernes 7 de agosto de 2026