default

Momentos luminosos espirituales


Rómulo Emiliani, cmf (opinion@epasa.com) / Monseñor.

Son ráfagas de luz que sorprenden al alma y permiten ver la realidad de manera nueva. Son momentos cumbres que te trasladan a un reino de lucidez iluminada, donde todo se ve como cuando un relámpago cruza el cielo, descubriendo detalles con mucha claridad, volviendo después a ese claro oscuro que domina la vida ordinaria. El que para nosotros era un enemigo insoportable, que hacía revolvernos las entrañas de cólera e indignación, es zvisto por ese fogonazo luminoso como un pobre hombre que inspira compasión por sus traumas y como un ser frustrado al que no hay que poner atención a sus expresiones dañinas.

Gracias a esas experiencias espirituales uno puede ver en los que hacen el mal, gente enferma, necesitada de Dios, y que desahogan de mala manera su corazón confundido. Esto da pie para perdonar 70 veces 7 y no cometer locuras de venganza que nos hunden ante Dios.

Son estos momentos, luces que vienen de lo alto y nos dan sabiduría para comprender que todo sufrimiento tiene sentido porque nos hace madurar y crecer. Así uno puede contemplar una larga enfermedad, o un descalabro económico o la muerte de un ser querido dentro del marco de un proceso de ascensión al reino de lo divino, donde las cruces son medios de perfección que nos identifican con Cristo crucificado.

Gracias a esos momentos luminosos, uno puede ver la muerte como un paso necesario para el encuentro definitivo con Dios y la felicidad infinita. La iluminación o alcance más profundo de la conciencia de lo misterioso nos hace ver que el alma y la vida interior existen y desde allí uno trasciende lo inmediato y tangible y ocupa un lugar en el mundo del espíritu, que de hecho es de donde venimos y hacia donde vamos. Sin saberlo, nos desenvolvemos en esa dimensión espiritual. Para poder llegar a tener esas experiencias conscientes, la oración profunda, la meditación, la lectura de la Palabra de Dios y la vivencia eucarística comunitaria son extremadamente importantes.

Los santos son personas, sobre todo, ubicadas en esa dimensión, que es un nivel superior al cotidiano nuestro y que les permite ver y actuar de manera sobrenatural. Un milagro es una acción movida por una fe profunda que transforma las leyes naturales doblegándolas para cumplir una misión. El Santo Padre Pío leía las conciencias de los que se confesaban con él diciéndoles sus pecados antes de ellos hablar y se trasladaba a otros lugares sin salir de su sitio (bilocación) y curaba enfermos. No tenga miedo ni rechace esas maravillosas oportunidades que Dios nos da, porque con Él somos invencibles.

Monseñor.