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Movidos por la fe y la tradición


La celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo es la fiesta más solemne de la Iglesia católica.

Para esta fecha, la migración de personas es evidente en todas las naciones del mundo, quienes buscan revivir el Vía Crucis de Jesús como afirmación de su fe cristiana.

La sociedad panameña no es ajena a esta celebración, con la característica de que una gran cantidad de residentes citadinos buscó en los diferentes pueblos del interior del país el ambiente propicio para congregarse en los templos y participar de los actos de fe.

También aprovecharon para estrechar los lazos familiares, para compartir en familia momentos de acercamiento espiritual.

No es cuestionable que en fines de semana largos, como el actual, los panameños aprovechen para convivir con sus familiares y cambiar el ambiente cotidiano de tranques vehiculares y afanes laborales.

Es como un despertar de los pueblos, que al recibir a sus hijos, aunque sea por corto tiempo, vuelven a sentir el vibrar que genera la visible actividad social y económica.

Los reportes del tránsito confirman que el desplazamiento de personas fue grande.

Los hoteles del interior están casi en un 100% de ocupación y hasta los pueblitos más alejados de las principales ciudades de provincias son testigos de la actividad que genera esta migración.

No hay duda de que el panameño es movido por las tradiciones, así como también por los vínculos familiares y aprovechan los feriados para visitar a padres, abuelos y amistades.

Esta vez fallaron los pronósticos de que serían menos los capitalinos que viajarían al interior, desmotivados por los altos costos del combustible, que hoy amaneció con un nuevo incremento.

Confiamos en que esa convivencia tenga un final feliz y el retorno no sea traumático como en años anteriores.