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Movilización solidaria en La Chorrera


Como una expresión auténtica y popular fue el movimiento de masas espontáneo que en estos días surgió en la ciudad de La Chorrera presidido por la Santa Cruz procesional, indicándonos que no era otra procesión piadosa sino una movilización de inspiración cristiana popular.

Vino a ser como lo mínimo que podía hacer la ciudadanía para protestar colectivamente contra el monstruo de la violencia que parece haberse enquistado en nuestro modus vivendi haciendo insegura la convivencia ciudadana.

Todo brota del reciente hallazgo de los 5 cadáveres de jóvenes panameños de la etnia china. Dentro del raizal egoísmo y el “que-me-importismo!, cuajó la convocatoria a esta marcha por la paz multitudinaria presidida por los hermanos de los difuntos asesinados en forma nefasta.

Todos unidos en un propósito sin contaminaciones politiqueras tenemos que lograr las metas propuestas de buscar la disminución de las muertes violentas en la comunidad y de mandar el mensaje de que la vida humana tiene para todos un valor por encima de todo ; y puesto que, aunque el tema supuestamente le atañe a los estamentos policiales y judiciales, mientras se investiga seriamente y se señalan a los culpables, el resto de la sociedad civil, desde el más encopetado hasta el más pequeño, creemos en la defensa de la vida.

Es verdad que vivimos en una sociedad violenta últimamente recrudecida por el tráfico ilícito de estupefacientes y drogas con su estilo violento de ajuste de cuentas, pero ante tan aterrador enemigo de la sociedad panameña se une y adquiere la fuerza para defender el poco valor respetable que aún queda en nuestra vida ciudadana. Nos adherimos a las metas de este movimiento popular y esperamos que no todo quede en el olvido, sino en la obtención de metas propuestas haciendo que esta lucha no sea un episodio aislado sino un proyecto de constante lucha a favor de la humanidad. Los cristianos estamos invitados a esperar con atención y vigilancia la venida del Señor.

Por eso la recomendación que nos hace Jesús es permanecer despiertos en la fe con responsabilidad personal y comunitaria. No podemos esperar con los brazos cruzados, nuestra esperanza debe ser activa y dinámica. Esperar al Señor implica transformar la existencia, significa ponernos en marcha, caminar a la luz del Señor como lo relata el profeta Isaías, es propiciar nuevas situaciones de progreso y superación. En la sociedad contemporánea lo que cuenta es lo que podemos conseguir y tener. En lugar de oír la voz de Dios en los vientos de cambio que nos rodean.

Sacerdote jesuita.