Mucha lluvia, pero queremos agua
Compele al dolor y al sufrimiento, conforme nos ha sido presentado por los medios televisivos y periodísticos de nuestro país, las vistas que han recogido, en parte, los desastres naturales que a consecuencia de las constantes lluvias que se han dado, básicamente, en Colón, Panamá Este, Oeste y Panamá Centro, han causado cientos de víctimas que todo lo han perdido, como diría mi padre “hasta el modo de andar”.
Pero creo que no debemos quedarnos tan solo en la contemplación del fenómeno sino, de manera responsable, tomar cartas en el asunto, así sea poniendo, de los más profundo de nuestros corazones y también de nuestros bolsillos, algún aporte que, aunque parezca insignificante, no lo será para quienes padecieron y siguen padeciendo las inclemencias del tiempo. Agua es el primer elemento a aportar, comidas enlatadas, leche, mantas, colchones, ropa, en fin. Hay que dar cariño, sin condiciones, ni siquiera condicionando que si lo damos también lo recibiremos. Simplemente dar sin pretender recibir nada a cambio. La responsabilidad de enfrentar y paliar o solventar la situación, primordialmente, es tarea del Gobierno Nacional; sin embargo, ningún ciudadano que se repute de serio y con sana conciencia, puede quedarse al margen de lo acontecido si se encuentra en condiciones de ayudar, socorrer, concurrir al pódium de la sentida humanidad y solidaridad social diciendo “¡presente!”.
No sabemos aún la cuantificación de las pérdidas. De hecho la agricultura ya ha sido golpeada y mermará considerablemente los réditos de su producción en esas áreas; también la economía familiar de miles y miles de hogares que, reiteramos, todo lo perdieron; no dejemos a un lado las estructuras que han colapsado y las que no que han sido seriamente deterioradas. Todos, cierto, hemos sido victimizados por las constantes lluvias. Pero, en estricto sentido, víctimas han sido los que durmieron en los albergues temporales acondicionados para pernoctar; los que tuvieron y han tenido que extender sus brazos para asir el plato de arroz o el mendrugo de pan; los que dejaron de arroparse en la noche para dar sus mantas o cobijas a sus pequeños hijos; los ancianos desvalidos que desde una silla de ruedas vieron que el mundo se les venía encima o las madres y esposas que lloran a los suyos porque aún no aparecen o porque se ahogaron.
Corazón y sentimiento; sentimiento y amor, es lo que se impone a todos los que habitamos en este terruño de sorpresas de todo tipo. El Presidente Martinelli reconoció que no estamos, aún, preparados para estos desastres y que no había helicóptero que sirviera. Por ello, pienso y considero que debemos hacer un serio llamado de atención a todos los estamentos involucrados en la protección y seguridad social, ciudadana, para que no nos agarre este tipo de acontecimientos naturales desprevenidos e improvisados. Queda abierta la ayuda y el debate.
