Muertes, muertes y más muertes
Lo que está aconteciendo en materia de salud nos pone en “alerta roja”. Todo indica que estamos al borde de una epidemia. Una epidemia que está referida al tema de los muertos por dengue hemorrágico causadas por el mosquito más famoso: el aedes aegypti y, la otra, tiene que ver con los muertos infectados con bacterias nosocomiales en propias instalaciones de la Caja del Seguro Social.
Sin descartar otra epidemia –más bien amenaza de pandemia- no quiero dejar por fuera lo concerniente a los crímenes de sangre que se han venido dando y, en consecuencia de ello, el país se encuentre tomado por la negra mano del crimen. Las secuelas de ello: víctimas inocentes cuyo pecado es tan solo, o bien salir al trabajo a buscar “el vénganos sea tu reino Señor”, o el estar realizando actividades comerciales independientes en aras de echar hacia delante un negocio –caso reciente del jovencito indostano cuya vida cegó el crimen y quien fuera compañero de mi hija Karen en el Colegio Saint Mary-. Como ciudadanos responsables tenemos que actuar. He venido insistiendo en ese discurso que, tal vez, suene cansón. ¡Tenemos que actuar ya!
De mi parte he hecho lo siguiente: ayer, como religiosamente suelo hacerlo, di instrucciones para que examinaran cada rincón del patio de la casa para salirle al paso a ese mosquito malo –ahora ya no debe preceder al enfermo el dengue clásico para que le advenga el hemorrágico, dado que el mosquito ha desarrollado una alta capacidad de producirlo directamente- ; también revisar las canales de los techos y otras áreas.
Sin embargo, me preocupa que seamos tan irresponsables en esta guerra contra el mosquito del dengue y que haya miles de panameños y panameñas que no toman conciencia del mal. Estamos en los meses de lluvia, lo cual aumenta el poderío de este mosquito que no dudará, aún en las hojas de plantas que guardan residuos de agua, encontrar en ellas casa propicia para poner sus huevos y en donde crecerán sus larvas. También ordené podarlas a todas.
Parecen tonterías estas cosas, pero mi grande satisfacción es que siento que estoy dentro del combate y no quiero que esta guerra se pierda por descuido mío y, sobre todo, porque amo a los que Dios me ha dado como mi especial tesoro: mi familia. Ya en una ocasión el dengue clásico casi me leva. Gracias a Dios que no lo permitió. No hay que claudicar.
El Gobierno debe intensificar el riego de los químicos que matan a este díptero mortal. Pero se requiere la colaboración constante de toda la ciudadanía así como también ésta puede cooperar denunciando el crimen para que no se produzca.