Mujer, creación de Dios (II)
La mujer debe ser valorada porque es creación de Dios. Dejemos de tratarla como objeto sexual y de exhibirla semidesnuda en anuncios comerciales como una simple carnada para qué el varón compre el producto movido por puros instintos. Los prejuicios y costumbres culturales absurdos, en los que se degrada a la mujer por satisfacer instintos descontrolados de hombres degenerados, deben eliminarse. No se debe utilizar ni pisotear su dignidad para conseguir cualquier tipo de ganancia. Alto a la prostitución, que no hace otra cosa que manipular la pobreza de la mujer para explotarla.
Dios quiere que las cosas cambien, que a la mujer se le dé el valor que merece y que ocupe el puesto que le corresponde en la sociedad. Ella es, claro que sí, tan inteligente como el varón, posee tanta voluntad, sentimientos y hasta más fortaleza en muchas cosas. La mujer tiene igual dignidad que el varón, y debe ser respetada, porque no es un ser inferior. Cada día se dan más casos de mujeres que levantan solas a sus hijos y luchan increíblemente por el bienestar de su familia. Desgraciadamente, esto ocurre cuando los hombres abandonan cobardemente sus responsabilidades familiares.
Gracias a Dios hay muchas mujeres en las universidades y muchas mujeres profesionales que florecen en todos los campos, trabajando y cooperando para crear un mundo mejor. El mundo se humanizará más cuando haya más mujeres auténticas en puestos decisivos de la sociedad, y en los puestos directivos de organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas o la Organización de Estados Americanos, que han sido casi exclusivamente del dominio del varón. Las características especiales de la mujer pueden dar más calor de hogar a las relaciones humanas, interpersonales e internacionales. Pero deben ser mujeres autenticas, que sepan comprender la importancia de su posición en la toma de decisiones y que se entreguen totalmente a desempeñar un papel honesto y sincero. No pueden ser mujeres machistas, coquetas o frívolas que utilicen su posición para otros fines.
Ciertamente la mujer puede imprimir su feminidad al mundo de los negocios, la política, el arte y la economía. Una feminidad auténtica calma tensiones; ofrece una visión nueva, y propicia una forma de comportamiento novedosa, diferente en este mundo que es terriblemente machista. Esa postura maternal más humana y lógica, brinda una visión nueva en las realidades del mundo. De hecho, imprime más confianza en las relaciones humanas, para que haya menos violencia y más sentido hogareño en las relaciones humanas, políticas, económicas, sociales y religiosas. En otras palabras, humaniza al mundo. La presencia de la mujer activa que, sin perder su feminidad, desarrollo una personalidad bien fundamentada, sin feminismos superficiales y vacíos y sin machismos mujeriles, siendo ella misma, puede, en definitiva, coadyuvar para hacer de éste un mundo más humano y pacífico.
