Mujeres en pugna
Apenas tres puntos y fracción impidieron que la expresidenta Michele Bachelet ganara las elecciones generales de Chile en la primera vuelta. Aunque la doctora Bachelet y la candidata de la derecha, que obtuvo el segundo lugar, Evelyn Matthei sumaron el grueso de la votación, se produjo la inevitable fragmentación del electorado por la cantidad inusual de nueve candidatos. Dos mujeres, –una expresidenta de la República y la otra exministra y parlamentaria–, disputarán la jefatura del Estado en la segunda vuelta el próximo 15 de diciembre. La notoria diferencia de votos –46% de Bachelet y 25% de Matthei - reina la incertidumbre sobre el resultado de la segunda vuelta debido a que el 50% del electorado no se presentó a votar y no se puede garantizar si esta merma de votantes pueda aumentar en diciembre.
Los candidatos desplazados se consideran más próximos al centro derecha de Matthei, que a la alianza de socialismo, comunismo y fuerzas izquierdistas de Bachelet. Sin embargo, si el fenómeno del abstencionismo se produjera, la afinidad ideológica derechista podría constituir más perjuicios que ganancias. Los bandos tienen menos de un mes para convencer a sus adherentes a concurrir a las mesas de votación.
¿Qué factores causaron una tan pronunciada declinación del interés electoral de los 13.5 millones de chilenos formalmente habilitados para ejercer el voto? ¿Qué razones redujeron a la mitad el ánimo de una de las naciones más politizadas de América Latina? Son preguntas cruciales que investigan los sociólogos chilenos, después de la alarmante caída del sufragio. Pudo influir la ley que eliminó la obligación de votar que rigió en el pasado electoral. Pudo influir también el bajo perfil del gobierno de Sebastián Piñera, que no logró resolver la problemática de la educación pública, los conflictos con sectores indígenas y escándalos universitarios.
Bachelet promete reformas constitucionales y cambios institucionales para convocar adhesiones a una ciudadanía cada vez más escéptica de los políticos profesionales. De acuerdo con un sector de analistas políticos sureños, la clase media chilena atraviesa una etapa de indiferencia hacia la capacidad general de los partidos para cumplir lo que prometen en los eslóganes de campaña y prefiere concentrarse en asuntos familiares y de orden laboral.
Después de la segunda vuelta, proseguirán las investigaciones sociológicas para conocer las causales de las inhibiciones electorales de los votantes que tuvieron el factor inédito de que fueron los primeros en desarrollarse con voto voluntario e inscripción obligatoria, lo que aumentó de 8.2 a 13.5 millones de personas el padrón electoral. La incorporación de las nuevas generaciones al proceso político quedó marcada en las jornadas de protestas por la educación.
Según observadores, parte de los jóvenes no pertenecen a los partidos y se niegan a ser clasificados como izquierdistas o derechistas. Ansían que el Estado coopere eficazmente en su educación con matrículas de costo a su alcance. Tienen la percepción de la necesidad de un país diferente, que se adecúe a necesidades nuevas, surgidas de la era de la tecnología. Quizás las investigaciones sociológicas se orientarán a conocer cuántos jóvenes no salieron a votar y cuántos sí lo hicieron.