Multa para la educación
Salí entusiasmado del Foro de Reformas Constitucionales en el Auditorio Justo Arosemena de la Facultad de Derecho de la Universidad de Panamá, donde los Notables rindieron cuentas acerca del trabajo asignado a ellos para modificar la Carta Magna de nuestra Nación: la Constitución Política de la República de Panamá. Jacinto Espinosa, ex decano de la Facultad de Derecho de la institución antes mencionada, abordó en su ponencia, que las divisiones geográficas de nuestro país se mantendrían en provincias.
La temática de la división geopolítica de nuestro país, me llamó sorprendentemente la atención, ya que me planteaba la posibilidad de que nuestro país necesita una división en Estados Federados que facilite una autonomía y autosostenibilidad económica de cada una de las provincias o Estados que conformasen la Federación de Estados Panameños.
Estoy convencido de que esto representaría un desarrollo más práctico y eficiente de la administración legal, política, social, económica y cultural de cada uno de los Estados, que no dependerían (como se da actualmente) de las disposiciones del gobierno central, pero que deben mantenerse en armónica colaboración a fin de que se garantice una verdadera asociación federada del país.
La importancia de una organización en Estados federados, la podemos encontrar en el pensamiento del insigne jurista del siglo XIX, Don Justo Arosemena, quien desarrolló esta idea en su obra “El Estado Federal de Panamá”, obra que, pertenece al patrimonio estatal e intelectual de la República panameña.
Luego de esta breve introducción, nos enfocaremos en el punto central de este artículo de opinión, donde la obra a la cual se hace alusión en el párrafo anterior, fue objeto de una gran polémica la cual desgraciadamente tuve que vivir y afrontar de forma crítica, ya que se presentan ocasiones en las que los seres humanos aplicamos la disposición de un reglamento en perjuicio de la motivación de educarnos que tenemos algunas personas.
El mismo día luego de concluido el Foro de los Notables, me dirigí hacia la Biblioteca Simón Bolívar, específicamente a la Sección de Colección General, con el entusiasmo de conocer sobre la obra de Don Justo Arosemena. Allí solicité la obra en la modalidad de consulta, lo cual no implica el préstamo de la obra, sin embargo, cometí el error de olvidar el libro en mi bolso y llevármelo conmigo a casa.
Los seres humanos tenemos la facultad de equivocarnos y poder reivindicar nuestro error, y fue esta última la acción que emprendí, devolviendo a primera hora del día siguiente la obra consultada.
Al momento de devolver la obra, la funcionaria me indicó que debía pagar una multa de 10.00 balboas, y esta disposición sin consideración de mi caso particular, me pareció que iba en detrimento de mi interés de aprender, y fue por ello que decidí recurrir al superior encargado de la sección que reiteró la obligación de pagar la multa.
No quedando conforme con esta disposición, me dirigí a dialogar con la Subdirectora de la biblioteca, y ella nuevamente reitera que debía pagar la multa.
Esto es un suceso que realmente me indigna y me desmotiva en mi aventura educativa, ya que me deja la desagradable experiencia de no poder obtener libre y gratuitamente el acceso a las importantes fuentes bibliográficas como la de Justo Arosemena.
Quería compartir esta desafortunada anécdota con usted señor lector, ya que debemos propender hacia una educación libre, gratuita y de calidad, que lograremos significativamente en la medida que se incentive a la lectura y no penalizando y castigando pecuniariamente a los jóvenes que nos encontramos habidos de conocimiento e investigación para así, poder obtener conocimientos fundamentales para guiar hacia un mejor devenir nuestra Nación.
Estudiante de Derecho.
