Murió el Dr. Raúl Cuestas
El 16 de julio pasado murió en la capital, el Dr. Raúl Cuestas Gómez. El 21 se efectuó, en la iglesia de Santa Marta ( El Dorado) su funeral. En esos momentos yo dije las siguientes palabras: Un gran poeta inglés dijo: “Cada vez que un hombre muere siento que disminuyo, porque formo parte de la Humanidad; por eso, no preguntes nunca por quién doblan las campanas, están doblando por ti”. Quién iba a pensar que el talentoso sobrino viajaría al infinito primero que su viejo tío que lo vio nacer.
Recuerdo bien, cuando nos llegó el mensaje a David, en abril de l946: Había nacido Raúl Cuestas Gómez; y toda la familia corrió a Boquete a verlo. Su padre, el Dr. Raúl Cuestas Mezquita, había mandado un mensaje a sus padres, en El Salvador: “Raúl Segundo llegó con toda felicidad”.
Yo lo vi crecer; y Chefita, su madre, orgullosa, llenaba el álbum familiar desde que dio sus primeros pasos; y cuando ganó el primer puesto en todos los años de la primaria y también de la secundaria. Se había convertido en un joven guapo y prometedor. Era el orgullo de la familia. Y se fue a estudiar a una universidad norteamericana; y allá hizo tan brillante carrera universitaria, que se quedaron con él. Y allá trabajó en los hospitales durante 32 años.
Hasta que un día, decidió regresar a la patria, para servirle con toda su sabia experiencia científica. Pero a veces pienso que tenía razón la cita bíblica: “Nadie es profeta en su tierra”. Y ese hombre grande, pero humilde, como son los grandes hombres, volvió, en viajes frecuentes, a continuar con su profesión de médico a los Estados Unidos, donde sí sabían reconocer sus grandes valores profesionales.
Y aquí estamos hoy, despidiéndolo, después de levar anclas para jamás volver. A él le llegó el día, en que ya nadie lo puede detener, como decía el poeta Porfirio Barba Jacob. Le expreso a su esposa y a sus hijos, mi identificación con su dolor. Adiós Raulito, nunca te olvidaremos.
