Mutua ayuda
José Carlos García Fajardo /Prof. Emérito de la U. Complutense de Madrid. Dir. del Centro de Colaboraciones Solidarias
Las ciudades fueron construidas como espacios de encuentro, de seguridad y de mutua ayuda, una vez superada la época del nomadismo. En muchas sociedades, aún ahora, no se concibe la propiedad de la tierra, pero sí su uso en armonía con el resto de las familias. Se marcaba una línea a partir de un río y los miembros de cada familia o de cada clan roturaban, sembraban y cuidaban lo que podían sus fuerzas para su uso y para el de la "grande familia". Era inimaginable un anciano abandonado, un niño desnutrido o alguien enfermo del que no se ocupase la comunidad.
Regía la solidaridad como algo natural e ineludible, como un vínculo de sangre. Pero vinieron los conquistadores de otros imperios o etnias dominantes y, para aprovechar mejor lo que ellos llamaban "recursos" humanos o naturales ?buenos para ser explotados-, fomentaron la concentración en pueblos y ciudades. Empezó a regir el principio de productividad, de búsqueda del mayor beneficio, de éxito en los negocios. Los mercaderes impusieron sus reglas por encima de las etnias, de las familias y de las tradiciones. Esta fue la luz que alumbró las conquistas, "evangelizaciones" y colonizaciones.
En África, las ciudades después del siglo XVI se asentaban en los puertos adonde conducían los caminos procedentes de las minas, los bosques o los campos de cultivos. Y en las ciudades se fueron hacinando millares de personas que abandonaban sus campos, sus familias y sus tradiciones siguiendo el espejismo del llamado "progreso del hombre blanco".
Así comenzaron a proliferar enfermedades surgidas del hacinamiento, de la falta de vida en contacto con la naturaleza, de comida producida por el esfuerzo y el trabajo de las personas. Los seres humanos fueron contados, pesados, medidos y utilizados como medios para alcanzar el fin de los beneficios. Enfermedades que no se conocían en las comunidades agrícolas comenzaron a proliferar, la soledad y el aislamiento sustituyeron a las relaciones de fraternidad, de solidaridad y de comunidad. Hoy tenemos muchedumbres solitarias y aisladas entre las multitudes de las ciudades deshumanizadas en las que lo que importa es tener, más que ser.
Hoy es posible aprovecharnos de las nuevas tecnologías y de los avances de la ciencia para construir comunidades en las que las personas se sientan ciudadanos y vivan en solidaridad e interdependencia. Es posible extender la educación básica a todas las personas desde la infancia, acceder a los cuidados sanitarios fundamentales, recuperar la maternidad y la paternidad responsables, cuidar del medioambiente porque la tierra no pertenece al hombre, el hombre pertenece a la tierra. Y esto traerá la paz como fruto de la justicia.