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Nación en tiempos de violencia


Ha rebotado con fuerza el intento de imponer una ley, que por encima del respeto a las partes interesadas, que en este caso somos todos. Se nos impuso a la vieja usanza de las aplanadoras y hagámoslo mientras no nos miran. Encubiertas por un proyecto y en el marco de sesiones extraordinarias se legisló sobre ecología, anulando las pocas protecciones que le damos al derecho ambiental, de un tajo se desconocieron derechos laborales, considerados no solamente logros de esta nación, por el contrario se violentan en la ley garantías que son patrimonio de las libertades humanas, se articulan alevosamente medidas destinadas a destruir el sindicalismo con artimañas destinadas a socavar las fuentes mediante las cuales los trabajadores se proveen de recursos. Y se blindan los actos que las fuerzas públicas puedan cometer en el uso excesivo de sus funciones.

Nada hay en esa ley que pueda ser exhibido como un producto de beneficio e interés social. Así lo hemos entendido y así ha respondido la sociedad, ya no se trata sólo de obreros, campesinos, que encima son descalificados porque son ignorantes y no saben leer. Si no saben leer es una vergüenza más que demuestra la incapacidad de nuestra responsabilidad por superar el analfabetismo en el cual lo hemos sumido y arrinconada durante siglos.

Profesores, estudiantes, amas de casa, intelectuales, ciudadanos y ciudadanas, se despojan de la apatía y comienzan a sumar su voz de repudio al uso de la violencia a la cual se ha acudido para reprimir el justo derecho a defender lo poco o nada que muchos de nuestro compatriotas tienen como su único capital y que en este caso se trata de dignidad y respeto a sí mismo.

La intolerancia, la fuerza, la represión sólo garantizan victorias momentáneas, “En las complejas sociedades modernas la gobernabilidad se logra respetando a las minorías y el disenso…” decía en un escrito de la periodista Lina Vega Abad, por todo ello es inaudito, que se siga creyendo que un pueblo se aletargue por siempre y que todos estaremos postrados ante la televisión por un evento mediático, no es así, quienes sufren en carne propia los desgarros de la pobreza, la falta de salud y de educación, sabrán en un momento demandar lo que les pertenece por su sola condición de ser seres humanos. Y no habrá propaganda, ni arma capaz de replegar el derecho que les asiste.

Dijo el doctor Harmodio Arias Madrid: “Las conquistas de la fuerza no son nunca duraderas y requieren, por lo general, el sacrificio de vidas y principios que le son caros a la Humanidad.

*Profesor Titular de la Universidad de Panamá. (jicisneros@cableonda.net).