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Nada de Constitución, nada de institucionalidad

Por: Redacción 03/12/2015

La institucionalidad del país siempre ha sido un mito. En la historia de la República, han sido contados los presidentes que han trabajado de manera frontal y con entusiasmo para construir institucionalidad para con las instituciones democráticas y el Estado.

Es que lo fácil es gobernar con todas las garantías de la actual Constitución que data de 1972. La misma fue diseñada para el general Omar Torrijos Herrera y así poder ejercer una jefatura del Estado de manera monárquica. Estos poderes apenas han sido modificados en el tiempo.

Los presidentes de la reciente era democrática, a sabiendas de que nuestra Carta Magna adolece del talante democrático moderno, se aprovechan de estas áreas grises y ejercen su poder en los bordes de la constitucionalidad. Y es por eso por lo que cada vez que termina un gobierno, comienzan las investigaciones y las acusaciones de persecución política respectiva.

Con la llegada del actual presidente Juan Carlos Varela, que prometió, sin que nadie le pidiera, llamar a una constituyente para, finalmente, acabar con esta situación y que de una vez por todas, nuestras normas se ajusten a los preceptos democráticos del siglo XXI.

Pero todo fue un espejismo. De forma inédita, el presidente de la República anunció al país que su promesa no se cumpliría y punto. A otra cosa. Con esta situación, entonces nos queda esperar que la actual administración sea comedida a la hora de ejercer el mandato constitucional ganado en las urnas el pasado 2014.

Y nos encontramos con la escogencia de 2 nuevos magistrados de la Corte Suprema de Justicia. La Constitución es increíblemente clara en el procedimiento. Lo único que, y ese ha sido el problema hasta ahora, los mandatarios deben ejercer este mandato constitucional con transparencia.

Hasta ahora, la forma en la que se escogen los magistrados de la Corte Suprema de Justicia ha sido de espaldas a la opinión pública y en el más absoluto secretismo. Cuando no ha sido así, ha sido a "tambor batiente", utilizando aplanadoras legislativas cuando los nombres han sido cuestionados por la poca opinión pública que, en la carrera, apenas se ha podido dar cuenta de la situación.

En esta ocasión, justo cuando uno podría pensar que, luego de las insistentes promesas de transparencia del gobierno actual, se realizaría todo como los panameños finalmente esperamos. De esta manera, con mucho tiempo de antelación, se presentaría al Consejo de Gabinete 2 nombres que, a su vez, se enviarían a la Asamblea Nacional de Diputados.

Esta última haría lo propio, con tiempo, pondría a disposición de toda la población informada, a su consideración, los nombres de los 2 candidatos para ser elegidos. Luego de este proceso, tendríamos nuevos magistrados con el consenso de toda la sociedad.

La realidad ha sido, tristemente, otra. El presidente ha decidido delegar su atribución constitucional en una comisión que a su vez, se ha encontrado con otra comisión, y ambas han desarrollado una especie de de realidad con todas las características, como horas y horas de televisión, quejas entre los participantes, descalificaciones públicas entre los comisionados, y para colmo, un par de listas de nombres que parecen más salidas de una tarde de té que de un análisis serio y responsable.

Me gustaría saber qué otras cosas va a delegar el actual presidente. Entiendo que no lo hace con los viajes, así que eso me da a entender que asistir a República Dominicana para ver un puerto que han visto una y otra vez es más importante para esta administración que escoger 2 nuevos magistrados de la Corte Suprema de Justicia, ya que, por lo visto, eso lo puede hacer cualquiera que se autodenomine "sociedad civil". Espero que no nos enteremos de solicitudes de la "sociedad militar".

Creo que las intenciones del presidente Varela eran legítimas, pero ha sido mal influenciado y pésimamente asesorado por quienes, abusando de su confianza, le han diseñado un camino completamente innecesario para la escogencia de estos magistrados.

La institucionalidad del país, una vez más, resiente las acciones del Órgano Ejecutivo. El presidente Varela debe dar un golpe de timón con urgencia y comprender que lo llevan por el camino de una administración intrascendente, con poco aporte a la institucionalidad y con una percepción de que todo pasado fue mejor.

Creo que el presidente Varela quiere terminar como un mandatario exitoso que, además de construir y reforzar institucionalidad, aprovechar cada día para mejorar la calidad de vida de cada panameño. Pero eso solo lo va a lograr si entiende el fenómeno. Y por ahora, el problema lo supera.

Ingeniero. Analista político.

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Martes 28 de julio de 2026