default

Naturaleza autodestructiva


Ramiro Guerra Morales / PANAMA AMERICA

Hasta la saciedad se ha venido repitiendo que nuestro planeta Tierra es vulnerable y perecedero; no hay manera de hacer entender a los mortales que la paulatina y creciente destrucción de la capa de ozono, las olas de calor que tienden afectar la salud corpórea, tiene sus causas en la actuación del hombre, su deseo insaciable de acumular riquezas materiales, donde no existe ética alguna que ponga freno a esos desmanes, que se traducen en una especie de ola suicida.

Esa sed incontrolable de acumular riquezas, sin reparar en la conservación de la naturaleza, de la pureza de nuestras aguas y del aire que respiramos, se viene traduciendo en la pérdida del necesario equilibrio, que debe existir entre el hombre y la naturaleza, que ya raya en lo esquizofrénico.

No es cierto que la vida acaba para que el muere; así como la Tierra surgió de una masa o marea de gases incandescentes, nada asegura un punto de no retorno si seguimos destruyendo nuestros ríos, nuestros manglares, nuestros bosques y todo debido a esa irracional forma de actuar y pensar, que somos inmortales, llegando al absurdo de creernos dioses.

Razón tienen los científicos y los activistas de la defensa del planeta Tierra, al afirmar que en estos temas vitales, el concepto de la educación demanda de un replanteo; sin embargo, nosotros vamos más lejos; se trata de una ética que nos lleva a sostener, que mientras el mundo nuestro esté jalonado por esa gula material de riquezas, sin reparar en la existencia humana, aunque lento, el proceso de autodestrucción seguirá su marcha. Tomará miles de años, irrelevante como argumento; las nuevas generaciones sí cuentan, los mismos que los recursos para asegurar una existencia digna.

Ramiro Guerra Morales

opinion@epasa.com

Abogado.

Edición Impresa

Lunes 17 de agosto de 2026