¿Navidad o paganismo?
Navidad proviene de la palabra en latín “Navitate”, que significa “Nacimiento de la vida para ti”. También puede decirse “Natividad del Señor”, esto es, Nacimiento del Señor Jesús.
Muchos ignoran o soslayan el verdadero significado de la Navidad y se entregan a sus propias concupiscencias, y en pleno desenfreno moral acompañado de una gula e ingesta de alcohol sin límites ni circunspección alguna, rebasan el concepto de un brindis para convertir tan sagrada festividad en una algarabía que se distancia del alcance espiritual y divino de esta celebración cristiana.
Fue en el año 440 de nuestra era, se escogió el 25 de diciembre como fecha probable para la celebración del nacimiento de Jesús, y ello por cuanto que la Biblia no dice el día exacto de su nacimiento, aunque brinda ciertos elementos o hechos que permiten atestiguar que el nacimiento del Mesías prometido en el Antiguo Testamento ocurrió, efectivamente, en las proximidades o inmediaciones de estas fechas. Sin embargo, según los historiadores, existe la tesis de que en esa fecha los romanos celebraban la fiesta del Natalis Solis Invicti (la festividad del Sol Naciente Invencible) y, al parecer, los cristianos la hicieron coincidir con la celebración del nacimiento del Señor.
Respecto al arbolito de Navidad, se considera que esta costumbre nace en Alemania, en la primera mitad del siglo VIII. Se hace, en razón de ello, alusión al relato de que mientras predicaba el misionero británico San Bonifacio (quien vivió entre los años 680-755) un día de Navidad en tierras de germanos infieles, seguidores de las creencias de los druidas, quiso destruir el carácter sagrado del roble entrándole a hachazos a uno de ellos. Se cuenta que el roble, al caer, derribó a todos los otros arbustos que le rodeaban menos un pequeño abeto. Al advertir esto el misionero, la supervivencia del abeto, lo interpretó como un acto milagroso y mensaje divino, llamándole en aquel mismo momento “Árbol del Niño Jesús”.
El suceso, a no dudarlo, caló y se arraigó entre los cristianos alemanes y, desde entonces, se hizo costumbre adornar un abeto en épocas navideñas. Siglos después, el monje protestante Martín Lutero (1483-1546) instituyó la costumbre de adornarlo, pero con rutilantes velas encendidas.
Hoy día, no son pocos, los que corren, en estas épocas, a comprar un arbolito para decorarlo en el interior de sus hogares, empresas o negocios. Millones de tarjetas postales corren por el mundo con un arbolito de Navidad impreso o con la imagen del nacimiento del Niño Jesús. En realidad, el arbolito de Navidad no tiene ninguna sustentación bíblica ni inspiración espiritual, en todo caso, sí la tiene la del nacimiento de Jesús.
¿De los regalos navideños? Bueno, entre los antiguos romanos era costumbre regalarse, con ocasión de las festividades de Año Nuevo, tres higos secos guarnecidos de hojas de laurel y de ramitas de olivo, así como unas pequeñas lámparas (de bronce, los pudientes; de barro, los pobres), en las que se hacía inscribir una leyenda relativa a los buenos deseos plagados de buena ventura y prosperidad para el año que recién empezaba. Al parecer, de esta costumbre proviene la nuestra de hacernos regalos en el día de Navidad o en Año Nuevo. Para Año Nuevo, son muchos los que ponen en sus puertas las espigas de arroz, las verdes naranjas, mandarinas, etc. ¿Sustento cristiano o bíblico de esta práctica? Ninguno.
“Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo”, solemos decir y desearnos entre nosotros. Sin embargo, precisa distinguir entre lo que es propio de la Natividad del Señor de aquello que deviene en lo pagano, lo superficial y lo costumbrista. Deberíamos decir: “¡Bienvenido Señor Jesús!”.
La Navidad encierra el contenido más profundo de lo espiritual. El hecho histórico más importante del mundo que nunca caduca, nunca prescribe, y que nos dice que hay esperanza: el nacimiento de Jesús como Salvador personal de cada humano, nacimiento fecundo de vida eterna para todos, nacimiento que pregona a los cuatro vientos que aún hay una oportunidad de salvación para el pecador: ¡Cristo Resucitado!
Abogado.