Necesaria inclusión social en proyectos habitacionales

Por: Redacción 07/08/2011

Todo complejo habitacional tiene entre sus principal objetivos resolver una serie de problemas existenciales como el dónde vivir y a que costo.
El proyecto Curundú, con un costo superior a los 90 millones de dólares, no dista en nada de las edificaciones post-invasión, cuyas estructuras decadentes aún pueden observarse en el marañón. Lo que lleva a pensar si estas propuestas habitacionales son y han sido funcionales para sus habitantes.

Si nos remontamos en la historia de este tipo de proyectos habitacionales, no tardaremos en reconocer su génesis en los complejos habitacionales Pruitt-Igoe los cuales fueron edificados en St. Luis Misuri (Estados Unidos), bajo la premisa modernista de que los mismos proporcionarían ventajas y oportunidades a sus habitantes, al tiempo que les garantizaba un bienestar existencial.

No obstante, este primer intento urbanístico por superar aspectos estructurales como la pobreza, el desempleo y la delincuencia probaron ser un paliativo poco funcional, ya que al poco tiempo de haberse inaugurado (1954) se convirtió en una guarida decadente de drogadictos, delincuentes, vagabundos ocasionales y una gran masa de individuos disconformes, que se vieron imposibilitados a escapar de su lamentable condición de dependencia. Así, en 1972 se procedió a demoler estas edificaciones, las cuales al momento de su fin representaban una caratula triste y lamentable (estaban en ruina), frente a los nobles ideales de solidaridad y bienestar social que una vez fueron encumbrados por la modernidad.

De esta manera, y haciendo un breve repaso crítico-reflexivo a la evidencia histórica, es evidente que todo proyecto habitacional, al igual que el ejemplo anterior, no debe implicar la mejora y promoción de sus moradores en general, si no se toman en cuanta otras medidas socio-estructurales interrelacionadas como políticas y programas para insertar a sus habitantes en lógicas laborales y educativas que permitan procesos de inclusión social, al tiempo que los empodera para alcanzar mayores beneficios ciudadanos.

De no tomarse en cuenta esta relación entre necesidad habitacional o de vivienda y estrategias socioeconómicas para ayudar a los moradores a enfrentar los avatares de la realidad social, no hay duda que las complejidades multidimensionales del diario vivir, como la pobreza y el desempleo, terminarán imponiéndose, lo que redundará irremediablemente en otro precedente nefasto en cuanto a proyecto habitacional se refiere.

Sociólogo.

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