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Necesidad de una efectiva seguridad y soberanía alimentaria


Juan Jované (opinion@epasa.com) / Economista

Hace poco, por recomendación de un buen amigo que posee un amplísimo conocimiento de la Doctrina Social de la Iglesia, nos dedicamos a la lectura de la carta encíclica Caritas in Veritate, publicada por el papa Benedicto XVI el 29 de junio de 2009. Se trata de un documento que no solo intenta retomar y actualizar el pensamiento de Pablo VI en su Populorum Progressio, sino que, además, aborda a profundidad algunos importantes temas sociales actuales, utilizando un enfoque que podemos calificar de notablemente progresista.

Entre estos temas destaca, entre otros, el análisis que el santo padre realiza sobre los problemas del hambre y de la necesidad de una efectiva seguridad alimentaria para todos. Es así que, para comenzar, el papa llama la atención sobre el hecho de que tanto la alimentación como el acceso al agua constituyen “derechos universales de todos los seres humanos, sin distinciones o discriminaciones”, los cuales son esenciales para alcanzar el resto de los derechos humanos.

Más allá de este importante reconocimiento de la alimentación y el agua como derechos humanos, Benedicto XVI presenta, en una reflexión realizada con una perspectiva de largo alcance temporal, un conjunto de lineamientos capaces de guiar los cambios estructurales que permitan una salida al problema de la seguridad alimentaria. Entre los mismos se destacan los siguientes: “inversiones en infraestructuras rurales, sistemas de riego, transporte, organización de los mercados, formación y difusión de técnicas agrícolas apropiadas, capaces de utilizar del mejor modo los recursos humanos, naturales y socio-económicos”. A esto se debe agregar que en términos muy claros el santo padre aboga por aquellas soluciones que le dan un acceso a la tierra a las comunidades y productores del campo, destacando la importancia de una reforma agraria en los países en desarrollo, a la vez que propone que: “todo esto ha de llevarse a cabo implicando a las comunidades locales en las opciones y decisiones referentes a la tierra de cultivo”.

En relación con el tratamiento de la naturaleza, el santo padre además de abogar por la utilización de tecnologías que sean probadamente respetuosas del ambiente, llama la atención sobre la forma en que los seres humanos debemos entender nuestra relación con la naturaleza. En una posición centrada en el sentido de una sostenibilidad efectiva, argumenta que “debemos considerar un deber muy grave el dejar la tierra a las nuevas generaciones en un estado en el que puedan habitarla dignamente y seguir cultivándola”. Caritas in Veritate nos recuerda así que somos simples guardianes de la creación, responsables de su sostenibilidad. Esto junto a la importancia que se le otorga a la dignidad del trabajo humano hacen de esta carta encíclica un documento que, sin ninguna duda, hace parte de la creciente corriente de pensamiento que opta por un desarrollo integral ecológicamente sano al servicio del ser humano. Caritas in Veritate, que amerita una amplia divulgación, abre la posibilidad de una amplia y fructífera colaboración por el cambio social, tal como lo soñó Juan XXIII en su Pacem in Terris.

Economista