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Necesitamos nuevos liderazgos políticos

Por: Redacción 18/06/2015

Guillermo Antonio Ruiz Q. /Ingeniero y analista político

El liderazgo político en Panamá ha ido decayendo a un punto tal que ya no podemos identificar sin pensarlo varias veces cuáles son nuestros principales líderes. Cuidado, me refiero a líderes, no a dirigentes, que en nuestra tierra es casi todo el mundo.

Con el paso del tiempo, hemos asistido al espectáculo lamentable de ver cómo nuestras organizaciones políticas improvisan candidaturas. Los candidatos a presidente casi se encuentran con el triunfo electoral y es ahí cuando empiezan a ver qué van a hacer.

Es cierto que hay muchos que aducen que el candidato les promete puestos una vez gane. Pero la verdad es que trabajar en qué hacer si ganan, casi nadie. En los cargos municipales, es casi al final del periodo que descubren dónde están los problemas. En el cargo de presidente, los colaboradores directos de este, o sea sus ministros, evidencian en el mejor de los casos, el desconocimiento de por dónde comenzar una vez inician sus labores. En el peor de los casos, nunca se enteran de qué es lo que tenían que hacer. De ahí las crisis de gabinete o las peticiones periódicas de cambios en el Gabinete de Gobierno.

Si nuestros partidos políticos no fueran meras agencias de empleo o cuarteles de invierno para “dirigentes” desalojados del Gobierno u opositores permanentes, tendríamos organizaciones que de una manera u otra, presionarían a nuestros gobernantes a no dormir en los laureles, apoyando la labor de sus diputados en la Asamblea con iniciativas derivadas de la dinámica partidaria.

Pero ni los partidos tienen vida política interna más allá de las internas fratricidas por el manejo del subsidio electoral o la primera línea de la directiva de la franquicia. Esta es la realidad. Para el 2019, nos enfrentamos a un panorama en el que ningún colectivo político tiene un liderazgo que esté trabajando en la construcción de un equipo de gobierno con un programa integral y transversal que trabaja desde el día 1. No está claro quién es el líder del Partido Revolucionario Democrático, no hay una persona con un mínimo de liderazgo habilitado para postularse en ese año en Cambio Democrático, todos creen que pueden suceder a Juan Carlos Varela dentro del panameñismo y los partidos Molirena y Popular harán lo mismo de siempre, salir en ayuda del ganador.

Uno podría especular con la posibilidad de que esto lo resuelvan las candidaturas independientes. El problema es que el país en este momento no conoce a estas personas que nos salvarán de la corrupción y la ineficiencia administrativa.

Una candidatura independiente que espere tanto tiempo para comenzar a mostrar músculo político dependerá del clientelismo de siempre y de campañas de marketing político basadas en costosísimos spots en la televisión y la radio. Además, le convencerán de que las redes sociales inclinarán la balanza, por lo que contratará cientos de personas para que le escriban a unas cuantas decenas de personas en ese contemporáneo medio de comunicación.

Es cierto que no podemos exigir liderazgos como los de Belisario Porras, Arnulfo Arias, Omar Torrijos, etc. Pero al menos debemos tener un par de administraciones que se dediquen a gobernar sin pensar en repetir en la silla presidencial desde el día 1.

Lo que más les ha hecho daño a las administraciones gubernamentales desde 1990 es esa idea recurrente de cambiar la Constitución para optar por la reelección. No hay forma de que entiendan que al panameño no le gusta que se abuse del poder por tanto tiempo. Por eso cae Noriega y la estructura corrupta cívico-militar. Por eso Pérez Balladares pierde el referéndum. No va a pasar. No importa cómo lo pongan, nuestros políticos no deben insistir en gobernar para hacer las cosas bien el año 6.

El país gasta demasiado en subsidios. Y el electoral se ha convertido en una carga que no cumple su objetivo. La idea era evitar que el crimen organizado invadiera la política panameña y hay sobrados ejemplos de lo contrario. Entonces, luego de haber destruido la mística y la permanencia de la militancia, el subsidio electoral lo único que ha logrado es mantener en su estatus económico a los caídos en el campo de batalla político. Justo a quienes el pueblo ha rechazado. Es irónico.

Merecemos más. Exijo a los partidos políticos desalojar de sus filas a quienes los utilizan para sus ansias de poder y capacidad de manipulación. Necesitamos líderes comprometidos con el bienestar del país y sus ciudadanos. Si quieren hacer dinero, la empresa privada es su lugar. A ver si de una vez por todas las cosas cambian. No esperemos otro siglo de historia y 70 presidentes inútiles más.

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Viernes 31 de julio de 2026

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