Negociaciones
El gobierno panameñista ha iniciado conversaciones con Cambio Democrático (CD) y el Partido Revolucionario Democrático (PRD) para obtener apoyo en las bancadas de la Asamblea Nacional de Diputados debido a que es la fuerza legislativa minoritaria. Representantes calificados de CD y PRD han manifestado su voluntad de respaldo a los proyectos de leyes que se presenten vía el Órgano Ejecutivo o la bancada panameñista, dependiendo la aprobación a la concordancia con sus programas y principios ideológicos.
Por lo que se conoce, los panameñistas han propuesto una alianza institucional al PRD que será motivo de deliberaciones de las partes. Esta propuesta persigue que el PRD se integre como una bancada oficialista que avale a priori proyectos panameñistas que aún no conoce Juan Carlos Navarro, negociador oficial del PRD. Si la propuesta oficialista llegara a aprobarse como una transferencia de votos de la totalidad de los votos del PRD, ganaría indudablemente el gobierno, al alcanzar una mayoría legislativa que los electores le negaron.
La pregunta que brotaría de las filas del PRD sería ¿qué ganaríamos nosotros con la súbita conversión al oficialismo? ¿Nos darían granjerías como ministerios, embajadas, consulados, puestos públicos, como dio, como compensación pos-electoral el gobierno de Martinelli a la alianza con el vicepresidente de la República Juan Carlos Varela?
La negociación a posteriori de las elecciones le podría dar al PRD un virtual cogobierno con el panameñismo. Si fructifican las negociaciones iniciadas, el PRD podría disfrutar de las ventajas de cinco años de cogobierno ante las desventajas y los temores de quedar fuera de la “papa” en un lapso de diez años.
No hay duda de que el posible cogobierno es una opción abierta al PRD, luego de sopesar ventajas burocráticas y desventajas éticas e ideológicas, en la negociación entablada con el panameñismo. Pero al entregarle a Navarro las negociaciones políticas tendrán que influir los perseverantes desaciertos del candidato presidencial en el proceso electoral. Fracasó al entregarle la candidatura de la vicepresidencia a Gerardo Solís sobre la base de un apoyo de unos independientes que no se dio en las urnas, posponiendo a Laurentino Cortizo y a otros miembros. Fracasó en redondo al aceptar el pacto con el grupo Nueva República, rechazado, según los números electorales, por la militancia perredista. ¿Qué garantiza el nuevo acuerdo con los adversarios históricos del panameñismo?
Resultaría más razonable un entendimiento de apoyo a iniciativas gubernamentales de tipo coyuntural tendientes a preservar la gobernabilidad del sistema democrático, tanto para el PRD como para CD. Refuerza esta posición el hecho de que la convocatoria a una asamblea constituyente paralela originaría la dispersión de los partidos en busca de candidaturas propias. La alianza interpartidaria representaría que los asociados cargarían con el peso de un fracaso, si no se obtuviera a mediano plazo el resultado previsto por el gobierno.
En consejos municipales, como el de la capital, se presenta el mismo fenómeno de la disparidad de fuerzas partidarias que no tienen mayoría absoluta. La voz de orden es la negociación política sin ventajismos antidemocráticos indebidos.