Neoliberalismo, partidos políticos y derechos humanos
Si algo caracteriza a los tres partidos que hoy compiten por asegurarse el poder político en nuestro país es su unidad de pensamiento. Siendo todos ellos instrumentos de los intereses económicamente dominantes del país, no pueden menos que compartir, tanto en su forma de ver el mundo como en su actuación, el credo neoliberal. Son estos los que, en el momento en el que les tocó gobernar, eliminaron la regulación de los mercados de los bienes básicos, desprotegieron la producción agrícola frente a la competencia foránea, privatizaron el sector energético y la telefonía, atacaron duramente las conquistas laborales y reprimieron a los pueblos originarios, con el fin de expropiarlos de sus recursos naturales.
La visión neoliberal si bien resulta útil a los intereses que anidan en los partidos tradicionales de Panamá, resulta una doctrina que presenta una profunda contradicción con la idea de los derechos humanos, los cuales se entiende que tienen su origen en la dignidad de la naturaleza humana, por lo que los mismos son inviolables, inalienables y universales. En efecto, en primer lugar, el pensamiento neoliberal sostiene que la única relación que genera derechos es la que ocurre por la mediación del mercado, en ella cada parte transa libremente, en condiciones que todos los participantes elevan su nivel de satisfacción. En el campo de la distribución del ingreso, por ejemplo, la doctrina neoliberal rechaza la propia concepción de equidad social, afirmando como lo hace F. A. Hayek, que “no es posible reorganizar nuestro sistema moral en la dirección sugerida por lo que hoy se entiende por ‘justicia social”. La idea aquí es que el mercado no solo genera una asignación óptima de los recursos escasos, sino que remunera a cada factor de producción en un monto equivalente a su productividad marginal, de manera que cada uno recibe exactamente lo que aporta.
Se trata, desde luego, de una falsa doctrina, incluso en sus propios términos, lo que queda claro si se tienen en cuenta los requisitos que debería, de acuerdo a la teoría económica tradicional, tener el mercado para lograr una asignación óptima de los recursos. En primer lugar, debería existir competencia perfecta, lo que implicaría: un gran número de compradores y vendedores, de manera que ningún agente pueda influir sobre los precios; bienes y servicios homogéneos, que significa ausencia de marcas o cualquier forma de diferenciación; libre entrada y salida de los mercados; información completa y simétrica en el espacio y el tiempo. A esto habría que agregarle las siguientes exigencias: ausencia de bienes públicos (no excluyentes y no competitivos), la inexistencia de externalidades (la imposibilidad de trasladar costos a otros agentes, como ordinariamente ocurre en relación al medio ambiente), una situación de mercados completos (incluyendo los que permitirían las transacciones entre generaciones). Se trata de premisas que nunca han existido. Queda claro que la doctrina neoliberal no es más que una forma ideológica de los sectores económicamente dominantes, quienes son beneficiarios de las políticas a que la misma da lugar.
EL MERCADO NO SOLO GENERA UNA ASIGNACIÓN ÓPTIMA DE LOS RECURSOS ESCASOS, SINO QUE CADA UNO RECIBE EXACTAMENTE LO QUE APORTA.
En la defensa de esos intereses, la doctrina neoliberal no solo niega derechos humanos sociales, así como los ambientales. Esta llega a una clara negación de los propios derechos políticos, en la medida que los mismos lleven a una democracia profunda. Es así que Robert J. Barro, uno de los más importantes economistas de la corriente neoliberal, afirma que “cuando la libertad política supera cierto nivel –que corresponde básicamente al análisis empírico de la situación de México y Taiwán en 1994– mayores derechos democráticos crean una fuerte presión a favor de programas sociales de redistribución… Estos programas disminuyen los incentivos a la inversión y al trabajo, por lo que perjudican al crecimiento”.
Más aún, se trata de una forma de ver las cosas que puede llegar a la represión y al sacrificio de la vida en nombre del libre mercado. Hayek, luego de afirmar que “el proletariado debe su existencia al capitalismo”, argumenta que “es evidente que algunas vidas son más importantes en el sentido que crean o preservan otra vidas”, agregando que “cuando se trata de sacrificar unas pocas vidas en aras de otras muchas, no debe olvidarse,… aquellas corresponden a seres desconocidos”. Una afirmación muy fuerte para quien piensa que la defensa de la libertad de mercado debe ser “necesariamente inflexible, dogmática y doctrinaria…”.
A final de cuentas, resulta importante para el desarrollo nacional y el respeto a los derechos humanos dejar atrás las doctrinas neoliberales, así como a los partidos tradicionales que han venido dominando la vida nacional.