'Nepotismo en familia del Cristo'
Françoise Chandernagor, (FC) de la Academia Goncourt, en su nueva novela acabadita de salir de las prensas de Albin Michel, cuyo título: ¨Vie de Jude frere de Jésus¨ -(La Vida de Judas, hermano de Jesús)-, nos cuenta una historia adaptada a partir del manuscrito de la "Vida de Judas", descubierto cerca de Abydos, Egipto en 1950. Se trata de un mamotreto de papiros, cocidos y encuadernado en cuero. Redactado en copto (lengua popular de Egipto), aunque tiene algunas palabras en hebreo, así como en arameo y en griego, que tal vez fue la lengua oficial del texto.
Todo esto es el producto de la imaginación histórica-cartesiana bien orientada de la hija del exdiputado André Chandernagor, de quien leímos en 1974, -("un Parlamento, ¿para qué sirve?")-, nos aporta una nueva visión de la historia de Jesús y su familia, que se asemeja más a nuestra realidad cotidiana.
Lo único que es cierto en esta obra es que Jesús tuvo seis hermanos, dos hermanas mayores, Jacques ?hermanastro- y Judas (que sí existieron), mientras que José y Simón son ficticios en la obra de marras. Confiesa la autora, que los cuatro evangelios hablan varias veces de las hermanas ("tal vez dos") y hermanos ("tal vez cuatro") de Jesús.
Recalca la académica, que dos de los evangelistas reconocen a Jacques y Judas como los hermanos del Cristo (Mateo 13:55 y 56)- (Juan 7:1-10)-(Gálatas 1:19).
Se trata de la vida de Jesús, narrada a través de su hermano menor (Judas) y, sobre todo, la vida no pública del Maestro, o sea aquello (desconocido) que ocurrió antes de los treinta y cinco años. Y que la iglesia romana no nos ha dicho aún.
EN UNO DE LOS LIBROS DE LA NOVELA, OCURRE UN EPISODIO DIGNO DE UNA PORTADA DEL DE HOY..
¿Por qué Judas? Entonces responde (FC) que este es el hermano más joven, que nació a la muerte de su padre. Pareciera que Judas fue adoptado por Jesús como su hijo, toda vez, que Jesús nunca se casó ni tuvo herederos. La lógica de la novela es que a través de Judas vamos a descubrir más lo que fue la época en la que vivió Jesús, desprovisto de toda contaminación o sectarismo alguno. Allí está la carta de Judas a la primera comunidad judío-cristiana.
José y Simón son los hermanos pintorescos, no muy honestos, que se enfrentaban a Jesús con rebeldía, pero que al final se salvan y van todos al paraíso por la bula del nepotismo familiar. A Simón le provocan la muerte temprano. Lo cierto es que ambos eran los dos patitos feos, como los hay en todas las familias. La historia los ignora a ambos, por haberse rebelado contra el hermano mayor.
En uno de los libros de la novela, ocurre un episodio digno de una portada del de hoy, así: ¨En viaje de Misión a la Diáspora Judía grecoparlante, el obispo San Pablo se queja del nepotismo reinante en los gastos de viaje de evangelización, a favor de la familia de Jesús, esta vez en la persona de Judas, a quien se le pagan todos los gastos y emulaciones durante el viaje, incluso el de toda la familia de Jesús, y a San Pablo no le pagaron nunca nada".
Pareciera que la familia del Cristo heredó todos los derechos de la Iglesia cristiana y que Judas, junto a Jacques, tenía los derechos de gestión y disposición del fondo religioso heredado, frente a los obispos y evangelistas que la crearon con Jesús. Era la época del emperador romano Domiciano.
Jacques (hermanastro) fue el primer papa de Jerusalén de la primera iglesia judiocristiana, la verdadera, de donde viene nuestra fe bien fundada.
Después hay relatos raciales, étnicos y culturales superpesados y densos, Chandernagor nos cuenta que la Judea Palestina de la época no difiere mucho con la actual.
En aquella época era peor, pues estaban bajo la tutela del imperialismo romano y sus legiones, que eran peores que las de Hitler. Pero en lo interno era tensión entre hermanos, había varias etnias judías muy diferentes en Jerusalén, que detestaban a los judíos de Galilea (campesinos) y los tenían por seres inferiores. A su vez, los galileos detestaban a los samaritanos, que eran pueblos mestizos que se habían aparejado con los asirios (pueblos invasores), que veneraban al dios de la montaña y no al del templo. Sin dejar de lado, griegos, romanos, paganos, colaboradores, traidores, fariseos, salucéanos y las legiones romanas, que destruyeron dos veces el templo, acabando con todos los judíos circuncidados e incluso los judiocristianos hasta romanizar el cristianismo.