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Netanyahu y Abbas


El conflicto palestino-israelí despierta tantas pasiones, aún en países tan lejanos como el nuestro, que es difícil exponerlo con serenidad. La esencia del problema es desde su origen, territorial. Pero cada vez más, en el centro de la polémica se han sumado los extremos de ambos lados, polarizando el conflicto entre las fuerzas que representan a estas dos naciones y condicionan los fallidos procesos de paz que han tenido. Por el lado de la sociedad israelí, presiona el Likud, Shaas y Agudat Israel, además de los colonos de los asentamientos en territorios palestinos ocupados. Por el lado palestino, los movimientos liderados por Hamas, Yihad islámica y las múltiples brigadas extremistas de diversas índoles, presionan, incluso por estos días, para hacer descarrilar el recién iniciado diálogo de la paz que con grandes dificultades, bajo la tutela de EE.UU., han iniciado Netanyahu y Abbas, luego de 20 meses de haberlo abandonado. EE.UU. tutela las negociaciones directas iniciadas entre el primer ministro israelí, Benjamín Netayanhu, y el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas. El objetivo de este "cara a cara" es lograr un acuerdo de paz. No obstante, la sombra de los extremismos campea sobre la tarea que se espera de estos dos líderes. Por eso el mundo ve gran ansiedad, pero con pesimismo (realismo) los resultados de este proceso ahora iniciado, pues no todos los reales protagonistas están interesados en que tengan éxito. El fin del conflicto palestino-israelí no está a la vista, pues mientras sus líderes buscan atajos para la paz, los extremos en las fronteras refuerzan sus posiciones en pie de guerra. Aún así, no perdemos la esperanza, porque la paz no es una de las opciones: es la única.