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Ni izquierdas ni derechas, conservadores o progresistas

Por: Redacción 14/05/2017

Aunque todavía algunos se resisten, lo cierto es que el vocabulario está cambiando y las antiguas ideologías van perdiendo sentido, aunque no las diferencias de actitudes y pensamientos. Ya nadie lee a Marx ni a Johann Gottlieb Fichte. "Sus techos elevados y ventanas francesas que dan a la ciudad vieja de La Habana transmiten la sensación del grandeur y el lujo europeo de los viejos tiempos", dice la firma Kempinski al promocionar su Gran Hotel Manzana -un enorme edificio de principios del siglo XX- que inaugurará en junio en asociación con el Estado. En la planta baja, ya funcionan bocas de venta de firmas como Armani, Versace y Montblanc. Según Giorgio Gucci, Cuba "se ha convertido en el paraíso de la moda".

Aunque los precios estarán solo al alcance de turistas y, quizás, de la naciente clase empresarial surgida de los negocios privados permitidos por el Estado como restaurantes, hostales o transporte turístico. De modo que, hasta una de las más terribles dictaduras del mundo, la castrista, se ve forzada por la realidad a "afrancesarse", por no decir volcarse al "capitalismo", aunque muy lentamente. En tanto que la "comunista" China parece convertirse -por interés- en líder global del libre mercado contra el proteccionismo del "capitalismo" americano.

Pero hablando de "afrancesarse", en Francia acaban de hundirse los viejos partidos, que quedaron fuera de la segunda vuelta de las presidenciales el 7 de mayo, en las que compitieron el "liberal" Emmanuel Macron, hoy presidente electo con más del 60% de los votos, y Marine Le Pen. Ninguno pertenece a las formaciones que han gobernado en las últimas décadas. Ya no se oponen izquierda y derecha, sino europeístas y soberanistas, "liberales" y proteccionistas, reformistas y populistas.

Macron, que no había ganado nunca antes unas elecciones, dice que izquierda y derecha son categorías obsoletas y que hoy se trata de conservadores y progresistas. El eslogan de Le Pen, desde la derecha "conservadora" -en tanto intenta encerrar a Francia frente a la globalización para que no "pierda su identidad"- es "Francia sí o no". El primero tiene un discurso de renovación generacional y de optimismo que contrasta con la visión pesimista y la Francia en repliegue de su oponente.

Irónicamente, Marine Le Pen casi agradece el tener a la mayoría de los medios de comunicación tradicionales en su contra, ya que están desprestigiados a la par de los políticos. Y, al igual que Donald Trump, se ha volcado a transmitir sus consignas en las redes sociales, siendo la mejor de los políticos en el manejo de estos instrumentos, lo que le permitió a su partido duplicar el número de votos con respecto a la última elección y posicionarse en la segunda vuelta, además de ser la más popular entre los jóvenes.

Leí que a Macron lo apoyó la Conferencia Episcopal francesa. Llama la atención que la Iglesia católica se pronuncie por un candidato, pero tiene sentido en esta disputa entre conservadores y progresistas. El papa Francisco, que fue a Egipto el 28 de abril para participar en una conferencia para la paz y para encontrarse con el gran imam, ha rechazado un automóvil blindado y se movió en uno convencional. Aboga por los inmigrantes que Le Pen quiere rechazar. Al agradecer la invitación a los egipcios, ha dicho: "Nuestro mundo, desgarrado por la violencia… tiene necesidad de paz… y de personas libres y liberadoras… sin encerrarse en prejuicios".

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California.

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