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Ni termoeléctricas ni hidroeléctricas, ¿entonces qué?


Las plantas generadoras de energía eléctrica como las termoeléctricas, son contaminantes pues funcionan con “Bunker C”, el último subproducto del refinamiento del petróleo y con la mayor concentración de contaminantes; emanan óxido de nitrógeno, óxido de azufre, óxido y monóxido de carbono y sustancias sulfuradas que desprenden acidez al ambiente; incluso con lluvias ácidas, como las producidas por minas a cielo abierto.

Las lluvias ácidas producen ácido sulfúrico que esteriliza la tierra por cien años y puede esparcir su acidez a 50 kilómetros.

Las termoeléctricas también producen contaminación debido al ruido de las turbinas. Estos contaminantes pueden causar cáncer, esterilidad de los suelos, enfermedades cardiopulmonares, alteraciones fetales o genéticas, etc.

Las hidroeléctricas no contaminan, sin embargo, son rechazadas por los residentes de las cercanías de los ríos, pues al construirse los embalses, temen perder su modo de subsistencia. Si fueran construidas en parajes solitarios no habría problemas, pero en sus alrededores viven cientos de campesinos, tanto afrolatinos como indígenas. Allí, siembran arroz, maíz, frijoles, yuca, guineos, plátanos y/o se dedican a la cacería y a la pesca artesanal. ¿Dónde serían reubicados? ¿En los anillos de miseria que rodean nuestras ciudades? Durante la dictadura de Omar Torrijos se construyó la represa de Bayano. Allí las personas perdieron tierras, casas y propiedades, sin que jamás se les indemnizara.

Detrás de la construcción de hidroeléctricas hay un gran poder económico internacional al que no le interesa el daño que esos proyectos causen al ambiente.

Pero existen alternativas nuevas, renovables y limpias, como lo son las plantas mareomotrices que producen electricidad utilizando las corrientes marinas. Con lo ocurrido en Japón, la humanidad está obligada a mirar las energías renovables, limpias y que tengan en cuenta el desarrollo humano sostenible y no fuerzas riesgosas como la nuclear.

Según el ecologista Gabriel Despaigne, entre Saboga y Contadora (archipiélago panameño de Las Perlas en el Océano Pacífico), existe un canal por donde pasa una corriente marina. Allí se pueden utilizar generadores mareomotrices aprovechando la corriente y generar energía eléctrica sin ninguna contaminación. Sin embargo, en vez de exigirle a los inversionistas aplicar estas alternativas, nuestras autoridades lo que hacen es aprobar la construcción de termoeléctricas contaminantes y/o hidroeléctricas que desplazan a poblaciones campesinas.