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Ni trabajan, ni estudian, ni piensan en ellos

Por: Redacción 18/09/2014

Ingeniero. Secretario de la Junta Directiva de la Fundación IPEC

Son más de doscientas mil personas, todas jóvenes, las que incuban un virus que acabará con nuestra sociedad lentamente, casi sin aviso. Sus características son fácilmente identificables: No trabajan, no estudian, no tienen perspectivas de futuro, piensan que el resto de la sociedad les debe una disculpa.

Los subsidios, esas “soluciones” que inventan nuestros mediocres gobernantes para demostrar que tienen iniciativa política y para que no se les llenen las calles de individuos buscando verdaderas soluciones a problemas que ellos mismos pueden resolver, se han convertido en la entrada económica de estas personas.

Es muy común ver a viejitos y hasta niños becados acompañados por este tipo de gente que, literalmente, les arrebata el cheque al amparo del vínculo familiar y arguyendo múltiples excusas, todas sin ninguna posibilidad de sustento.

No hay forma de que un gobierno ponga en práctica una política de educación más o menos decente. Todo ha sido apagar fuegos y una permanente negociación con “líderes gremiales” que son tan inútiles como los primeros. La creación de un Ministerio de Desarrollo Social es como un hoyo negro dentro del presupuesto estatal, incapaz de desarrollar un solo programa de prevención ya sea del delito, del embarazo de adolescentes, del flagelo de las drogas. En fin, no se les cae una idea ni por error. Quizás mi error sea seguir pensando que la tienen.

Veamos. A pesar de que hay múltiples ejemplos para demostrarlo, en nuestro país no se impulsa el deporte ni colectivo ni individual para que nuestros jóvenes tengan, aunque sea una mínima esperanza de abandonar la pobreza mental y comenzar a ser parte de la fuerza laboral y productiva de este país.

Pudiendo tener ligas deportivas de diferentes edades que movilicen una economía dentro del ámbito juvenil, se apuesta por todo lo contrario: fiestas, bailes, eventos con raperos. Eso, seamos raperos. Seamos boxeadores profesionales. De repente, somos el próximo Roberto Durán, o el próximo El General. Pues no, eso no ha sucedido.

Un país con casi 30 campeones mundiales de boxeo nunca ha sobresalido en el mismo deporte en el contexto amateur. La respuesta es simple. Estamos acostumbrando a nuestros jóvenes a la salida más rápida y sencilla.

Sí, hay más prostitución juvenil, de alto nivel, y con muchachas locales. Sí, ahora hay siete veces más pandilleros que hace una década. Sí, en Panamá nadie roba porque tiene hambre, o porque vive en una “favela” o una “villa miseria”. Me ha tocado ver gente bajar de un metrobús y entrar a una tienda a comprar zapatos de 900 dólares. Sí, en Panamá.

Ahora, nos enteramos de la idea de “ayudar” a las jóvenes que terminan embarazadas antes de su mayoría de edad. Entiendo la presión social que conlleva ser autoridad electa en una provincia como Colón. Pero también debemos comprender el fenómeno antes de desarrollar semejante idea.

Fue el presidente Guillermo Endara quien, mal asesorado, implementó lo que hasta hoy es el modo de vida de muchas personas en la Costa Atlántica y ahora en el resto del país. Se inundó de subsidios esa provincia, quebrantando la moral de ese pueblo, hundiendo la autoestima de los ciudadanos lentamente. Además, en ciertas áreas de la ciudad de Colón, la promiscuidad así como la deserción escolar minaron completamente a buena parte de esa sociedad. Veinte años después, Colón es la provincia con más carencias sociales del país. Los subsidios hicieron su trabajo. No entiendo por qué esperaban algo diferente.

Quiero que se entienda que vivimos ante una generación perdida, fruto de la mediocre política pública de subsidios, lo cual debe parar ya. Olviden a los extranjeros. Nuestro problema son los jóvenes “NiNi”.

Los partidos políticos deben comprender que la política del clientelismo, tanto interno como externo, es la causante de la actual crisis de los mismos. Han llegado a exacerbar tanto el tema que les es imposible contar con una militancia confiable, y solo dependen de la compra directa de conciencias débiles, dispuestas a hacer lo que se les pida al mejor postor.

El problema es grave. Muy grave. Por esto pido públicamente que de una vez por todas, se detenga la política de subsidios dirigidos a los jóvenes y otros. Que las “ayudas” para personas de la tercera edad sean canalizadas de la manera adecuada y no para satisfacer a terceros que no tienen nada que ver. Que desaparezcan los planes asistenciales a comunidades que pueden sobrevivir con su trabajo.

Espero no tener que presentar esta columna en unos años como la prueba de que lo dije y que lamentablemente fue muy tarde.

 

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Viernes 7 de agosto de 2026