default

Nicaragua, entre la espada y la pared


Este domingo, 3,4 millones de nicaragüenses tienen un compromiso con las urnas para  elegir si continúan con la administración de Daniel Ortega o le dan un giro de timón al país escogiendo --entre  cuatro candidatos más-- a un nuevo presidente y a 90 diputados para la Asamblea Nacional.

   El período presidencial de Ortega ha sido ampliamente cuestionado por una escuálida oposición que no ha sabido unificar criterios ni alianzas para hacerles frente al que ellos consideran un dictador que ha hecho lo que ha querido en el país con la ayuda millonaria de Hugo Chávez y con sus políticas desestabilizadoras.

Ortega se presenta a estos comicios burlando la Constitución nicaragüense y apoyado por un grupo de magistrados que están bajo su control, dejando claro que no tiene intenciones de abandonar el poder, lo que causa preocupación entre diversos grupos de la sociedad que han visto como durante la campaña electoral se ha jugado sucio.

  Una de las jugadas del actual gobierno se ha visto reflejada en la demora para entregar las cédulas.  Hasta la fecha, gran número de ciudadanos no cuenta con el documento para presentarse a votar el domingo.

Además, ha dejado mucho que desear la forma como se llevó a cabo el proceso de inscripciones de los organismos locales para que  sean observadores en estos comicios. De igual manera se ha limitado la participación de las agrupaciones internacionales, que están muy preocupadas por el proceso democrático del país centroamericano.

 Hay amenazas sobre el futuro de los candidatos a diputado de la oposición, quienes podrían ser desconocidos por las autoridades electorales, y ello mantiene encendidas las alarmas.

Entre tantos enredos, la Iglesia católica ha procurado concienciar a la población para que vote el domingo sin miedo, por la Constitución, por la democracia, y que le digan No a la corrupción.