Ningún cura se acuerda cuando fue sacristán….
Son pocos, poquísimos, los políticos que puedan decirse honestos o que hayan demostrado coherencia entre su discurso y sus actos.
La mayoría cree gozar de una particularidad, inexplicable para el resto de la ciudadanía, que cuando no participan del poder parecen limpiarse en forma automática de todo lo que olía a corrupción en su gestión. Esto sin importar de qué partido se hable, pues el espíritu de estas líneas no es señalar a uno en particular. Tampoco falta el que sale en los medios con el discurso del experto en los casos que no logró resolver pero tiene cara para criticar a su opositor. Muy pocos tienen moral para sentarse a hablar de sí mismos, de sus hechos o de su gestión cuando ostentaban poder.
En fin. Al final este cúmulo de historias provoca en el ciudadano el poco o nulo interés en los hechos nacionales, o lo que es peor, la insensibilidad ante la clase política.
No estoy segura si estamos conscientes del peligro que corre una nación cuando la ciudadanía pierde confianza en sus instituciones o en los partidos políticos.
En estos días fuimos testigos de acusaciones entre quienes formaban, tan solo unos días atrás, parte de un mismo equipo. También escuchamos como una grabación quedó mínimamente reducida a un vil chisme que supuestamente causó la ruptura de la alianza aunque se nos había informado que había sido por razones distintas, algo así como cuatro sombreros en una misma cabeza. Acto seguido encontramos a los exaliados del gobierno actual reducidos a un discurso de pulcritud y honradez que les brindó el haberse apartado de lo que ahora consideran un gobierno corrupto.
Una oposición cada vez más hueca debido a los tránsfugas que saltan de tarima en tarima, y varios candidatos presidenciales haciendo alarde de sus conocimientos según ellos para componer el país, aunque pocos crean en sus palabras.
La clase política atraviesa una crisis moral y de credibilidad como pocas. Pero además, estos hechos empañan a las instituciones que por carambola quedan contaminadas de lo mismo debido a la corrupción e impunidad que persiste. Situación que motiva una justicia clasista, investigaciones judiciales mediocres, con omisiones, inconclusas, y tardías, y en otras instituciones muchas veces queda la duda o confusión sobre la gestión ministerial, la rendición de cuentas y los balances del patrimonio privado de quienes entran y salen sin que nadie les diga o haga algo. A este ritmo, en pocos años, no sabremos cómo componer el país.
