Ninguna propiedad es absoluta
Sin creadores no habría usuarios. Debe quedar muy claro que es un tema en el que el respeto mutuo es imprescindible. Es preciso abordar estas cuestiones esenciales con serenidad, expresando cada uno sus puntos de vista, de tal modo que puedan llevar a un acuerdo, con la adopción de unas pautas que permitan el fomento de la creatividad. En la “interacción eficiente” radica, precisamente, el fomento de la desmesura creadora de todo ser humano único. Nunca son todos espectadores o creadores. Todos somos creadores y espectadores a la vez.
La propia Constitución de la UNESCO, organización intelectual del Sistema de las Naciones Unidas que he tenido el honor de dirigir durante varios años, menciona la propiedad intelectual como un bien común que debe protegerse para poder así, a través de una educación que libera y no somete, “elevar los baluartes de la paz en la mente de los hombres”. Y la Declaración Universal de los Derechos Humanos insiste en garantizar el cuidado extremo que todos debemos prestar a esta facultad exclusiva de la condición humana: pensar, imaginar, innovar, crear. Es incoherente pagar por tantas cosas -tecnología incluida, en primer lugar- y luego rehusar contribuir, con cantidades relativamente módicas, a la actividad creadora (literaria, poética, musical, pictórica, discográfico, cinematográfico, fotográfico, artística en suma).
Los “derechos de reproducción” o copyright abonan las cantidades estipuladas, que deben ser razonables, a los creadores mientras viven y después, durante tiempos que dependen de la legislación de cada país, a los familiares y allegados, según las disposiciones adoptadas por el creador. A este respecto, propuse como Director General de la UNESCO que cuando una obra llega a ser de “dominio público”, momento en el que ya no produce rédito alguno, debería seguir devengando pequeñísimas cantidades para destinarse, recogidas en un fondo apropiado, a la ayuda y fomento de jóvenes creadores.
No, no sería justo seguir pagando por el continente y no hacerlo por el contenido. Conviene poner de manifiesto deficiencias y abusos en el uso de la red informática, sin que prime la tecnología sobre el talento. Los internautas son actores muy importantes hoy pero lo serán todavía más en el futuro: por eso es urgente que desde ahora se aborden con buen tino todos los aspectos del complejo mundo de la comunicación. Ninguna libertad debe coartarse.
Creadores, usuarios, operadores… hablando, alrededor de una mesa. Hablando se entiende la gente. Que todos reciban garantías en las cuestiones que les conciernen.
Francia ha puesto en marcha un órgano administrativo, la Alta Autoridad de Difusión de Obras y Protección de Derechos en Internet (HADOPI), para regular las “descargas”. Para resolver temas realmente relevantes, no valen hostigamientos ni actitudes de fuerza. La ofuscación no es buena consejera. En realidad, esta forma de reaccionar no sirve en caso alguno. Promovamos la creatividad.
