Niños quemados
Cada año durante estos días salen a relucir las estadísticas de niños quemados por juegos pirotécnicos. La historia parece repetirse una y otra vez, ante el llamado de atención de las autoridades de salud.
Es inaceptable que un menor de edad manipule cualquier artefacto explosivo. ¿Dónde están sus padres? ¿Quién le vendió ese producto? ¿Qué sanciones existen para castigar esta práctica? son algunas de las preguntas que llegan a la mente.
Las salas de quemados del Hospital del Niño son el reflejo de la irresponsabilidad de muchos padres y la falta de disciplina que existe en muchos hogares.
Lo que parece un juego inocente, como prender una “bombita” y detonarla, puede convertirse en meses y años de tragedia.
Una quemadura de primer grado no se cura tan fácilmente. Los pacientes pueden pasar meses enteros en salas de quemados recibiendo dolorosos tratamientos y bajo una fuerte medicación.
La mayorías de los niños que sufren esta clase de quemaduras deben ser atendidos psicológicamente por especialistas. Su autoestima se desploma y deben enfrentar su mundo de otra manera.
Las autoridades deben ser implacables al momento de sancionar a los comerciantes que sean sorprendidos vendiendo estos productos a menores de edad. En sus manos están colocando un arma en potencia que puede destruir sus vidas.
Los padres de familia deben ser conscientes de que hacen sus hijos y como se divierten. De seguro los fuegos artificiales no deben estar entre sus pasatiempos.
Un niño disciplinado acepta las advertencias de sus padres, por lo que es un asunto de familia. La decisión de vivir estas fiestas en paz y no en un hospital está en sus manos.
