No aprendemos
Las formas son importantes. Y esto es lo que deben aprender nuestros partidos políticos, especialmente los tres con mayor inscripción y militancia. No se puede pensar que la estructura partidaria siempre va a estar ahí por obra de magia. La última elección de la directiva de la Asamblea Nacional, ha desnudado la aguda y profunda crisis a lo interno de cada uno de los partidos políticos.
El propio partido de gobierno no puede cantar victoria. Ha tenido que pactar con una minoría del opositor Revolucionario Democrático (PRD) para mantener la primera vicepresidencia de la Asamblea Nacional. Esto demuestra su debilidad, ya que esta alianza no se logra por las grandes habilidades de los negociadores del Partido Panameñista, se logra gracias a que ningún diputado quiere sentir que "camina en el desierto" durante esta legislatura.
El PRD es lo más cercano a un partido zombie, o mejor conocido como bisagra. Es ese partido político con el que se hace alianza, pero todos saben que no hay posibilidad de que postule un candidato propio con posibilidades de triunfo.
Cuando el PRD logra las presidencias de Ernesto Pérez Balladares y Martín Torrijos, no trabaja su estructura. Es más, sucede todo lo contrario. Todo el aparato es desarticulado para dar paso a los círculos de amistad presidenciales, no necesariamente cercanos al partido. Esto ha creado distancias entre los antiguos aliados internos y rencores que difícilmente se podrán superar.
A pesar de tener una línea de trabajo y acción definida por su presidente, los diputados de Cambio Democrático demuestran que, postular candidatos por pura politiquería, pero que garanticen votos, sale caro a la larga.
De nada sirve tener la bancada más grande del parlamento si los diputados hacen exactamente lo que les da la gana. No importa qué piense ni el elector, ni los militantes partidarios y mucho menos la dirección nacional.
Pero culpa de llegar a las elecciones con un objetivo resultadista, pasan estas cosas. Lo peor es que los líderes políticos criollos no aprenden y repiten el mismo error una y otra vez.
Y cometerán el error nuevamente. Que yo sepa, en este momento no hay un solo partido político trabajando para desarrollar liderazgos locales que les permitan tener candidatos en cada lugar del país con una mínima formación política, con un proyecto de país claro y con el sentido de propiedad que se requiere para seguir la disciplina partidaria que la organización requiere.
En la mayoría de los casos, estos candidatos aparecerán más adelante, blandiendo su popularidad entre los votantes locales a cada partido para que terminen postulándolos, lo que es una garantía clara de que repetirán la conducta que hoy vemos entre nuestros diputados, alcaldes y representantes de corregimiento.
Ni hablar del nivel de la discusión política, si es que se le puede llamar así al debate diario. No hay forma de que un proyecto de ley tenga un manejo más o menos de nivel, debido a que ni se involucra al votante, ni se utilizan las herramientas adecuadas para que las autoridades entiendan qué es lo que piensan sus votantes sobre un determinado proyecto.
Todo es lamentable. Pero la culpa, principalmente, es de nosotros, los votantes. No nos acostumbramos a que nuestro voto es valioso, y el precio de lograrlo es la presentación clara de ideas y propuestas para que sepamos qué van a hacer con él una vez salgan electos. A ver si aprendemos de una vez por todas.