No basta pedir para recibir
Si usted quiere que sus oraciones sean contestadas, no se contente con pedir a Dios favores sin tener una filial, cálida y profunda relación con el Señor. Él no es como una máquina “traga monedas”, que al recibir dinero manda una botella de refresco de retorno. Ignorante es aquél que no ama al Señor y le reza una novena sin amor para conseguir una ayuda material, y casi sacrílego el que paga el diezmo queriendo así asegurar el conseguir el carro deseado, o el que hace una gran donación a la Iglesia para calmar su conciencia de evasor de impuestos o traficante.
Ni el ayuno hecho a pan y agua tendrá el resultado esperado si se cree que en las cosas de Dios hay una tienda de “compra y venta” de favores divinos. Dios no es un comerciante que espera su dinero, su frío rezo o su penitencia para concederle abundantes bendiciones. De hecho, Él lo contempla a usted y se goza al verlo, porque se ve a sí mismo en usted y lo llama: “mi hijo amado “y quiere que usted sea consciente de esa Presencia Santa de Dios en su vida y entablar con Él una preciosa comunión.
¿Qué hacer para recibir de Dios favores? 1. Pues no desear recibir de Dios nada más que su Presencia Santa y demostrarle que su intención es
pura, por amor y agradecimiento, por admiración de su grandeza, por convicción de que usted sin Él nada es; que necesita de su Ser para llenar su alma de lo único que lo puede hacer pleno y feliz.
2. Debe recordar aquella frase de Jesús que dice que primero hay que “buscar el Reino de Dios y lo demás vendrá por añadidura”. Este Reino consiste en meterse de lleno en el corazón de Dios y saborear su amor paternal y escuchar su Palabra encarnada, obedeciendo sus mandatos que se resumen en amarlo a Él con todo el corazón y al prójimo como a usted mismo.
3. Ahora bien, el Espíritu de Dios le irá indicando que para poder cumplir la misión de hijo de Dios, que debe ser alabanza de su gloria, usted necesita “herramientas “terrenas”, como salud, educación, oportunidades para crecer en el ámbito laboral, en el campo de las relaciones humanas, de vida comunitaria eclesial.
4. Discerniendo entonces lo que es necesario y está en el plan de Dios, debe usted activar la fe profunda en Él para que en la oración reciba la fuerza e iluminación divina para conseguir aquello.
5. Debe entonces estar convencido de que eso es bueno, pensar en eso y cómo conseguirlo, trabajar incansablemente concentrado en su fin y esperando el mejor resultado. Recuerde que con Dios todo es posible, porque con Él somos invencibles.
Monseñor.
