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No confundir oportunidad con oportunismo

Por: Redacción 02/06/2014

Jamás debemos abogar por un Gobierno que le sirva a un solo partido o a partidos coaligados, sino por un Gobierno al servicio de toda la Nación. El pueblo, y menos la juventud, no debe confundir “la oportunidad con el oportunismo”. ¡En la oportunidad obra la inteligencia; en el oportunismo, la falta de carácter! Frente a la aguda crisis por la que atraviesa el país en los campos de la educación, de la salud, del transporte público, de la seguridad ciudadana, etc., se requiere de muchas reflexiones.

LA VIDA ES INTERESANTE CUANDO LE DAMOS SENTIDO ESPIRITUAL, CUANDO UNA ILUSIÓN LA ALIENTA, Y PONEMOS NUESTRA ACCIÓN EN MARCHA HACIA ELLA.

Nuestra inquietud es una misma porque vivimos una época en la que no son pocas las cosas que se oponen a nuestro común empeño docente. Ni la honestidad de proceder, ni los auténticos sentimientos cristianos brillan ahora esplendorosamente, como antaño, para tornarnos confiados y borrar todo escepticismo. Pero no nos ha faltado fe en la obra en que estamos empeñados, y esa fe es la que nos mantiene y nos mantendrá activos y entusiastas hasta el fin.

La incapacidad de servir es en cierto modo la muerte, y no ha de haber tragedia más honda que la de sobrevivirse a sí mismo. La vida es interesante cuando le damos sentido espiritual, cuando una ilusión la alienta, y ponemos nuestra acción en marcha hacia ella. Es interesante cuando sentimos que los días son cortos para cumplir nuestro empeño cotidiano. Es interesante cuando logramos vivir en los demás.

Por todo ello, nada como la labor de la escuela para darnos esa íntima fruición. Es en la escuela donde se siente palpitar el espíritu y el corazón de las nuevas generaciones, y en donde el anhelo de servirlas llega a su máxima intimidad. ¡Eso nos lo enseñó Octavio Méndez Pereira! Y es por eso por lo que calificados representantes de las generaciones que por la Universidad de Panamá han pasado, aún guardan buenos recuerdos que hablan de su gratitud hacia el “Maestro de la Juventud Panameña”. Octavio Méndez Pereira fue varón de singulares virtudes. Desconoció en todo el curso de su vida la ostentación. Condenó el servilismo por su indignidad, ruindad y bajeza. No vieron jamás sus ojos el espejismo de la vanagloria. Su recta personalidad se recataba detrás de la bandera de la patria que ondeaba en su corazón al soplo de su espíritu.

La patria era para Méndez Pereira, no solo el respeto y veneración por su bandera y sus símbolos (esa misma bandera, cuyo significado no pudo explicar un ex ministro de Educación, cuando se le preguntó sobre el particular, precisamente un 4 de noviembre, “Día de la Bandera Nacional), no solo el culto externo por sus héroes y el fácil elogio de sus riquezas y potencialidades, sino el acendrado sentimiento de la devoción por ella, el anhelo de conocerla mejor, y de servirla.

¡EN LA OPORTUNIDAD OBRA LA INTELIGENCIA; EN EL OPORTUNISMO, LA FALTA DE CARÁCTER!

Méndez Pereira anhelaba crear en sus discípulos la mutua lealtad, el mutuo respeto, el compañerismo fraterno, la plena conciencia de sus derechos y deberes, los hábitos del bien obrar dentro y fuera del hogar, como que habrían de ser en el futuro no lejano miembros avisados y eficaces de una colectividad a la que tendrían que incorporarse. En la acción de los claustros buscaba el afianzamiento de la personalidad, la fortaleza del carácter, el hallazgo de la vocación del individuo, el servicio de la patria. Sabía darle trascendencia a las minucias de la infancia que constituyen la sustancia de la vida del niño y la niña. Entendía los problemas de la juventud, y por ello los jóvenes acudían a él en busca de consejo. Sus caminos eran los del amor, y no los del temor, los de la confianza y no los del recelo.

Su espíritu era fundamentalmente democrático. Amaba la libertad dentro del orden, la igualdad de oportunidades para todos, la equidad sin distingos, el bien de la sociedad por sobre todo interés. Creía en la educación como en el mayor sostén que pueda darse a la criatura humana, y a esa creencia entregó su vida.

¡Nos enseñó Octavio Méndez Pereira, el maestro por excelencia, que los panameños jamás debemos confundir “la oportunidad con el oportunismo”!

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Viernes 7 de agosto de 2026