No es solo el 8, sino también a diario
Corría el 8 de diciembre del año 1977, un niño de diez años compra un jabón con diez centavos de dólar. Lo envuelve en papel periódico y se lo entrega a su madre en medio de llantos. La escena ocurre en calle E, corregimiento de Santa Ana.
Es el año 2002, una humilde cocinera de una fonda en Jaqué, Darién, no puede simular la angustia que lleva en su rostro. Su hija fue aprehendida por posesión de cocaína, y está en la ciudad de Panamá.
En muchas ocasiones los hijos no pensamos en las consecuencias de nuestros actos, y las madres son las que más sufren la irresponsabilidad de sus hijos. Ninguna mamá quiere ver el rostro de su hijo en un féretro o detrás de los barrotes, pero miles lo hacen no solo en Panamá, sino también en el mundo.
El primer ejemplo, la pobreza simboliza el reto, no un defecto. Es una lucha constante que se supera con estudio y trabajo.
Mientras, la cocinera años después vio a su hija salir de la cárcel, pero pocos conocen la angustia y las lágrimas que derramó. Representa la ambición sin límites de una persona dispuesta a hacer “lo que sea” para obtener dinero.
Las madres jóvenes actuales tienen la oportunidad que sus antecesoras no: ir a una universidad, tener carro propio, casa y otras comodidades.
Como nuestras abuelas, intentaron hacer lo mejor y no son perfectas porque cometen errores como todos.
El sábado próximo es el Día de la Madre. Quien no la tiene viva, recuérdela en sus mejores momentos.
Los afortunados que la tienen, gócenla, disfrútenla, no la hagan pasar por disgustos y sufrimientos.
Ironías de la vida que le ponen fecha a un día como el de las madres, pero debe ser a diario, porque ellas son también economistas, psicólogas, doctoras en medicina, chefs, albañiles y boxeadoras.