No hay equipo
El movimiento de oferta y demanda de candidatos a presidente de la República para las elecciones de 2019 se ha intensificado. Y es muy raro porque es solo hasta el próximo 1 de julio cuando el actual gobierno cumpla 2 años en el ejercicio de la administración pública. Creo que nunca antes, el desgaste político de un gobierno había acelerado tanto el siguiente torneo electoral. Lo más que conocíamos era el posicionamiento del líder opositor y las conocidas "guerras civiles" internas en las organizaciones políticas, hasta que finalmente se determinara el candidato o, la alianza electoral a la cual apoyar.
El desgaste acelerado del actual gobierno lo ha llevado a anunciar, contra todo lo lógico, próximos cambios al equipo que integra el gabinete. Y digo que contra la lógica, porque cuando los funcionarios enfrentan estas noticias, baja su productividad y se merma la autoridad de los que dirigen cada una de las carteras ministeriales, ya que no se sabe cuál es el que será relevado.
Y esto igualmente provoca guerras intestinas. Ya vemos a viceministros haciendo cosas exóticas, que nos dejan pensando sobre los criterios utilizados por el presidente Juan Carlos Varela para conformar su equipo de gobierno.
Solo el año pasado, luego de un caótico inicio, la ministra de Ampyme fue destituida y se rotó a otros funcionarios. Queda claro que el equipo no era necesariamente un grupo experimentado y con una misión de 5 años.
Cuando el desgaste gubernamental es de semejante magnitud, tiene normalmente que ver con las acciones políticas del gobierno. De esta forma, se puede entender y hasta justificar que esto ocurra. De hecho, la verdad es que el equipo designado por el presidente tiene ese objetivo principal: evitar el desgaste del primer mandatario para con su capital político.
Ya le pasó tanto a Ernesto Pérez-Balladares como a Martín Torrijos, que al acometer reformas estructurales de alto calado a temas importantes del Estado panameño, normalmente la impopularidad de las medidas, que usualmente a largo plazo son necesarias, provoca en el corto plazo un descontento que muchas veces se refleja en protestas callejeras y huelgas.
Pero en la presente administración no se ha realizado ninguna reforma estructural, ni siquiera un cambio a medias. En realidad hay muy pocos cambios, para no decir ninguno en las reglas del juego. Casi es un gobierno de continuidad con el anterior, salvo las controversias ya conocidas.
Entonces, se entiende muy poco semejante nivel de desgaste en tan poco tiempo. Es que, y aquí es donde especulo con mi opinión, la victoria electoral tomó por tanta sorpresa al mandatario actual, que no se percató de que necesitaba armar un equipo con un programa para gobernar. Y es que los deseos y anhelos no bastan para dirigir un país, por más pequeño que sea. Se necesita una ruta clara y bien definida, que pueda ser aplicada de manera eficaz y eficiente por un equipo de trabajo.
Este equipo, por lo menos, debería entender que trabaja en función de los objetivos del presidente de la República. Pero luego de los escándalos pasados de ministros y viceministros, da la impresión que muchos pensaban que se merecían el puesto, y que los mismos eran un premio a su campaña política. Qué triste, porque lo tenían todo para hacerlo bien.
Ingeniero. Estratega-consultor político