No hay tiranos invencibles
El desenlace de la crisis egipcia es un fenómeno geopolítico digno de analizar. Hasta los más avezados analistas políticos aseguraban que Hosni Mubarak sobreviviría fortalecido a este levantamiento; craso error. La situación que mantuvo en vilo a la opinión pública mundial durante semanas provoca consecuencias económicas y políticas en los confines del planeta que ahora empiezan a medirse.
Resaltan de estos hechos, la firme pero a la vez cívica convicción del pueblo egipcio de sacar al presidente Mubarak del poder, la forma correcta como se manejaron las fuerzas armadas ante la rebelión y la decisión del tirano de aceptar al final de cuentas, la voluntad del pueblo.
Con la salida de Mubarak termina una de las dictaduras más prolongadas del mundo. Sin embargo, tal vez esta no sea la principal impronta que deje en la historia este movimiento cívico.
En la forma como se desarrollaron los hechos se demuestra que no hay tiranos invencibles, sino pueblos dóciles. Cuando los egipcios se decidieron a ponerle fin a la tiranía, bastaron danzas, cánticos y rezos para tumbar a Mubarak.
Los sucedido en Egipto se ha repetido en espiral a lo largo de la historia de la humanidad con diferentes personajes. Lo curioso es que los que abusan del mandato de sus pueblos no aprenden la lección y creen que podrán estar eternamente por encima de la voluntad popular.
Los que seguramente sí aprenderán de esto son los pueblos oprimidos del mundo, que se irán sacudiendo poco a poco a sus opresores.
