No hemos aprendido a convivir
Se cumple este 2012 el décimo aniversario del Día Mundial de la Diversidad Cultural. Es buen momento, pues, para la reflexión. En la campaña del pasado año se nos invitaba a fomentar los gestos sociables con los seres de nuestra propia especie, tal vez la búsqueda de un sentimiento común.
Se nos sigue ofreciendo la oportunidad de valorar la propia riqueza cultural que imprime lo heterogéneo, pero que nos requiere saber convivir con esa pluralidad que, por otra parte, cohabita con la propia vida.
Se nos señala que debemos aumentar la conciencia mundial sobre la importancia del diálogo intercultural, la diversidad y la inclusión.
Por desgracia, el mundo entiende más de armas que de lenguajes, de asesinatos y de ajuste de cuentas que de acogida y hermanamientos.
También se nos indica que debemos construir una comunidad de individuos comprometida con el apoyo a la diversidad a través de gestos verdaderos y cotidianos.
Debemos construir puentes sobre aquello que no une, como es la vida de cada uno, para crear juntos un futuro más seguro y próspero para todos.
No es suficiente con ponerse en contacto y ayudar a quienes padecen necesidad, hemos de ayudarles a descubrir horizontes que les permitan reconstruir nuevas vidas y caminar por sí mismos.
Sea como fuere, aún no hemos aprendido a convivir, a pesar de tantos avances y de vivir en la era de la mundialización.
Tenemos que seguir conociéndonos para reconocernos, estableciendo vínculos en los modos de vida, en los sistemas de valores, en las tradiciones y creencias.
Por ello, urge crear una ética común de convivencia entre toda la familia humana. Es el gran desafío actual para salir de todas las crisis, también de la económica o financiera, quizás esta sea menos importante que la de la convivencia en el planeta; puesto que si no se convive, corre peligro la vida, toda vida.
Víctor Corcoba Herrero
Escritor
